domingo, 25 de noviembre de 2012

LA VIOLENCIA INVISIBLE: UN CASO EMBLEMATICO EN EL DIA CONTRA LA VIOLENCIA HACIA LAS MUJERES


Hoy se conmemora el Día Internacional por la Eliminación de la Violencia hacia las Mujeres. Aquí, un caso que expone con crudeza una situación que suele ser invisibilizada: la violencia en los hospitales amparada por una Justicia que se niega a intervenir.


La Justicia de Tucumán se negó a investigar la violación del secreto médico y la violencia obstétrica, psicológica e institucional que denunció una paciente de la Maternidad Nuestra Señora de las Mercedes, que depende del gobierno provincial y es la más grande, por cantidad de partos, del norte argentino. La mujer, de 26 años, condición muy humilde y madre de tres hijos, llegó al centro de salud con un aborto en curso. Pero las dos médicas que la atendieron decidieron llamar a la policía para denunciarla ante la sospecha de que se había provocado el aborto y dejaron ingresar a la madrugada a la sala de partos comunitaria –donde había parturientas y sus familiares– a dos uniformados para tomarle declaración mientras permanecía internada, acostada en una cama del hospital. Pero antes la sometieron a un interrogatorio cargado de maltrato y le practicaron un legrado sin anestesia, según denunció la paciente.

Sin embargo, para el fiscal interviniente, Arnoldo Suasnabar, el caso no merece investigación alguna: ordenó archivar el expediente sin siquiera citar a las médicas denunciadas. La resolución fue apelada por la joven. Su oposición al archivo fue apoyada por Comité de América latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (Cladem). En la historia clínica consta que la paciente fue legrada sin recurso alguno que mitigara su dolor, como ocurría tiempo atrás como práctica habitual en hospitales públicos a modo de castigo. Pero para el fiscal, esta situación no significó ningún tipo de violencia hacia la mujer. La Maternidad está ubicada en la capital tucumana.

El caso, interesante para reflexionar en el Día Internacional por la Eliminación de la Violencia hacia las Mujeres, refleja la actuación de la Justicia frente a formas de violencia de género menos visibilizadas en el imaginario social y muestra al mismo tiempo el desconocimiento de la jurisprudencia vigente –avalada por la Corte Suprema de la Nación–, por la cual no se puede instruir sumario criminal en contra de una mujer que se sospecha haya causado su propio aborto o consentido que otra persona se lo provocara. Suasnabar es el mismo fiscal que investiga a la mujer por aborto. Esa causa no la archivó.

“Lo más triste de todo es ver cómo el Poder Judicial se vuelve cómplice de aquellos que violan los derechos de los más vulnerables”, opinó en diálogo con Página/12 la abogada que patrocina a la joven, Soledad Deza, integrante de la Alianza de Abogad@s por los derechos humanos de las mujeres, que agrupa a más de un centenar de profesionales de distintos puntos del país. El 17 de agosto, Deza presentó un escrito ante la Corte Suprema de Tucumán en el que solicitó que se capacite a los fiscales con perspectiva de género y puntualmente en materia de violación de secreto y aborto. No obtuvo respuesta. El 21 de septiembre reiteró el pedido dirigido esta vez a la Oficina de la Mujer del máximo tribunal, recientemente creada. Cuando el fiscal ordenó el archivo de la causa, más de una docena de organizaciones del movimiento de mujeres de Tucumán se sumaron ante la Corte con el mismo reclamo, y también la oficina local del Comité de América latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (Cladem) y la Asociación Argentina de Mujeres en Carreras Jurídicas. Para preservar la intimidad de la paciente, la mujer fue identificada con el nombre ficticio de “María Magdalena”. Este diario publicó sobre el caso en agosto. “La presencia de los uniformados rodeando a la paciente en su lecho de convalecencia constatada por personal de salud mental de la Maternidad, obrante en la historia clínica, tampoco es dato relevante para la Fiscalía de la violación de la intimidad de la paciente”, objetó Deza. “El archivo es un intento de silencio ante la injusticia de género que mella en la vida de María Magdalena las más crueles de las realidades y que no sólo implica asimetría de poder entre paciente y médica, sino entre mujer pobre y sistema que la repele en vez de protegerla, es una muestra más de que la Justicia no tiene perspectiva de género y que los derechos de las mujeres en Tucumán deben militarse con la vida y con la propia libertad”, agregó la letrada. “Lo que se visibiliza en este caso es que la intimidad y la dignidad de una mujer en estado de vulnerabilidad que concurre a la salud pública para acceder a la salud como derecho humano fundamental es una intimidad ‘de segunda’. Su vida privada, para el fiscal Suasnabar, no tiene el mismo peso que la de cualquier mujer e incluso merece menos protección que la correspondencia epistolar”, concluyó Deza.

La abogada fue notificada el 26 de octubre de la decisión del fiscal. Al fundamentar el archivo de las actuaciones, la fiscalía alegó que “de ningún modo se dan los elementos objetivos y subjetivos de la figura penal en examen, violación de secreto profesional previsto y penado por el art. 156 del CP”. Y además, sostuvo que “existen ciertos delitos –como las prácticas abortivas– que imponen al profesional de la salud a denunciar el hecho”. Respecto de la violencia obstétrica, psicológica e institucional denunciada, el fiscal no dice nada. “Es alarmante que no diga nada de los distintos tipos de violencia hacia la mujer denunciados. Sabemos que lo que no se nombra no existe”, apuntó Deza.

El hecho que disparó la denuncia contra las dos médicas ocurrió en el verano. María Magdalena ingresó a la guardia de la Maternidad en la madrugada del 12 de enero con fuertes dolores abdominales. La acompañaban su pareja y su madre. “Luego de maniobras ginecológicas de exploración, se me acusa de haberme provocado un aborto”, contó en la denuncia. En la historia clínica figura que le extrajeron dentro de la cavidad uterina, al hacerle el legrado sin anestesia, restos fetales y “un palito de plástico de chupetín”. La mujer negó haberse sometido a un aborto y contó que estaba bajo tratamiento por una patología biliar y que utilizaba un método anticonceptivo inyectable. María Magdalena negó además conocer que estaba embarazada, incluso detalló que en diciembre –es decir, un mes antes– le hicieron una ecografía abdominal donde no le informaron de ninguna gestación en curso. María Magdalena tiene en su poder ese estudio.

Pero las médicas en la guardia de la Maternidad Nuestra Señora de las Mercedes Claudia Callejas y Alejandra Berenguer, una, jefa y la otra, residente, la interrogaron en un contexto de profundo maltrato, según denunció la mujer. “El acoso del personal médico fue de tal magnitud que mi madre se vio presa de un ataque de nervios y mi pareja se vio fuertemente consternada no sólo con la sorpresa del embarazo que – reitero– desconocíamos, sino además con el trato que se me proporcionaba: altamente violento, hostigador y acusador, lo cual me llevó a permanecer casi todo el tiempo en estado de llanto”, detalló en la presentación judicial. “Luego se me hizo un legrado, sin recibir anestesia, y se hizo ingresar nuevamente a mi pareja con el objeto de mostrarle el feto que se me acusaba de haber abortado. La madrugada fue para mí insoportable, no sólo por los dolores físicos, sino por el maltrato psicológico. En todo momento se me agredía verbalmente y las médicas que me atendían en ese momento emitían juicios de valor sobre mi conducta, que ya habían juzgado como delictiva y cruel. Llegaron a decirme en presencia de mi pareja que por lo que había hecho “él ni siquiera flores me iba a llevar a la tumba si yo me moría de una infección”. Aclaro que es el padre de mis tres hijos y estamos juntos desde hace más de 10 años, pese a mis cortos 26 años de vida”, detalló María Magdalena en la denuncia.

Las médicas llamaron a la policía y denunciaron a la mujer por la supuesta realización de un aborto. Cuando los uniformados ingresaron a la sala de internación comunitaria, interrogaron a María Magdalena, con el consentimiento de las dos ginecólogas. La mujer negó en todo momento haber interrumpido un embarazo. “Sin embargo, las acusaciones del personal médico eran permanentes y de viva voz, con lo cual recibí también la censura de las demás parturientas, lo cual agravaba aún más mi desazón al ver que las mismas personas que me acusaban y maltrataban eran de las cuales dependía mi salud. Por la mañana ingresó una psicóloga donde yo estaba internada y al constatar que me rodeaban dos policías uniformados y uno de seguridad privada en el lecho de convalecencia, quienes además me hacían preguntas sobre la denuncia formulada por mis médicas tratantes, ordenó que se retiraran de inmediato, me llevaran a un lugar donde dispusiera de privacidad y dijo expresamente que se estaba violando mi intimidad”, siguió María Magdalena en su denuncia.

Esa psicóloga y otras dos más que vieron la escena dejaron constancia de la violación del secreto profesional, de la intimidad y de la violencia obstétrica contra la paciente en la historia clínica. Las autoridades hospitalarias resolvieron archivar el caso. Ahora es la Justicia de Tucumán la que silencia la denuncia de María Magdalena.

FUENTE. PÁGINA 12 . POR MARIANA CARBAJAL . INFOGRAFÍA: TÉLAM

EL CALAFATE: HOMBRE INTENTÓ SUBIR POR LA FUERZA A UNA MENOR A SU VEHÍCULO


Fue a las 14.30 horas de este viernes en la bifurcación de la calle Fagnano y Ciudad Deportiva (la calle que va hacia el Natatorio Municipal), en pleno corazón del Barrio Salesiano.

La chica, de 15 años de edad, fue interceptada por un hombre en un Peugeot “Dorado”, quién la invitó a subir. La menor logró escapar. Haciendo la denuncia en la comisaría con su madre, la menor reconoció el auto del acosador quién habría sido apresado en cercanías de La Anónima.

Según narró horrorizada a través de los micrófonos de LU23 su madre (Maricel): “Mi hija iba a la casa de una compañera y un hombre en un Peugeot color Dorado, la invitó a subir. Mi hija le dijo que no y el tipo le insistió para que suba al auto. Ella se asustó mucho y salió corriendo. El hombre empezó a seguirla con el auto a medida que ella trataba de escapar”.

Según narró Maricel, el autor del hecho ya habría sido apresado: “No pasó más nada, pero ya hicimos la denuncia en la policía. Supuestamente ya lo detuvieron, porque tuvo la "delicadeza" de pasar enfrente del edificio de la Policía mientras estábamos haciendo la denuncia y mi hija lo reconoció”.

Por último, indignada, manifestó: “Lo cuento al aire para que otras madres tengan cuidado con sus hijas, porque no puede ser que este tipo salga libre y vuelva a pasar. Ya han pasado casos como este en El Calafate y no puede ser que a las 2 de la tarde mi hija no pueda caminar por la calle libremente” y finalizó: “Mi hija tiene solo 15 años, ahora está bien, pero quedó muy asustada”. Fuente: LU23

 FUENTE; EL PERIÓDICO AUSTRAL

Spot contra la violencia machista

sábado, 24 de noviembre de 2012

25 de noviembre, DÍA INTERNACIONAL CONTRA LA VIOLENCIA HACIA LAS MUJERES

ITALIA: SUONI RIBELLI

Cientos de zapatos rojos en una performance contra la violencia de género. es el mensaje de denuncia que la performance de arte urbana "Con tus ojos. Lo entendió? Ver con los ojos de la otra". De aquellas mujeres que han sufrido violencia y decidieron romper el silencio. De aquellas artistas que miran para dar voces a quienes no la tienen...

 Cento paia di scarpe rosse "Zapatos Rojos" per dire basta alla violenza sulle donne. È il messaggio di denuncia che la performance di arte urbana “Con i tuoi occhi” L’intento? “Vedere con gli occhi dell’altra. Di quelle donne che hanno subito violenza e che decidono di rompere il silenzio. Di quelle artiste che mirano a dar voce a chi non c’è più, a chi è scomparsa, a chi non ha la forza per denunciare, a chi diviene succube di stereotipi sessisti”. Il progetto Zapatos Rojos di Elina Chauvet (Casas Grandes, Chihuahua Mexico, 1959) ha origine nel 2009 ed è allestito per la prima volta in Italia. In questi giorni in mostra al Palazzo Ducale di Genova BASTA AL SESSISMO E ALL'OMOFOBIA DI CUI LA CHIESA E LA RELIGIONE IN GENERALE SONO COLPEVOLI!

UN FRENTE CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO, EN UN CONTINENTE EXTREMADAMENTE VIOLENTO PARA LAS MUJERES

Se está llevando adelante en Bolivia, Ecuador, Paraguay y Perú el programa ComVoMujer de la Cooperación Alemana al Desarrollo (GIZ) –dirigido a las mujeres indígenas, afroamericanas y de zonas rurales- cuyo objetivo es lograr transformaciones culturales para prevenir la violencia de género. En uno de los productos del proyecto, el documental “Voces de dignidad”, realizado en Paraguay, el 100% de las mujeres indígenas entrevistados reconocieron ser víctimas de violencia y pusieron como ejemplo de la misma que en la comunidad “no se escuche su voz”.



 Una vez más este 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, fecha que recuerda el brutal asesinato en 1960 de las tres hermanas Mirabal en República Dominicana. Fue en Colombia durante el cierre del Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe donde se proclamó en 1981 la fecha conmemorativa y no es casual: América Latina sigue siendo un continente extremadamente violento hacia las mujeres. Las cifras de la región son alarmantes: el Observatorio de femicidios en Argentina “Adriana Marisel Zambrano” registró un total de al menos 260 femicidios en 2011 reportados en los medios de comunicación. Perú reportó oficialmente 130 víctimas de femicidio entre enero y diciembre de 2010; el Observatorio Manuela de Bolivia registró 157 casos en 2011 y en lo que va del 2012 se registraron 97 decesos; en Quito, Ecuador, se reportaron 1831 femicidio entre 2000 y 2006. Entre tres y cinco de cada diez mujeres de Perú, Ecuador, Bolivia y Paraguay son afectadas directamente por la violencia. El III Informe Internacional Violencia contra la Mujer del Instituto de Estudios sobre Violencia Centro Reina Sofía de la Universidad Internacional Valenciana (VIU), que analiza comparativamente el estado de la violencia en 45 países desde el año 2000 hasta 2006, destaca que 11 de los 14 países en el informe que están por encima del valores de prevalencia promedio internacional -de 19,14 casos de femicidio por millón, o prevalencia – pertenecen a América Latina; entre los más violentos, se encuentran El Salvador (prevalencia 129,43), Guatemala, Colombia y Honduras; del cono sur, Bolivia y Paraguay (con valores de prevalencia de 34,17 y 27,54 respectivamente); Argentina, con una prevalencia de 15,19 casos de femicidio por millón, se ubica dos posiciones por debajo del valor medio. A pesar de la elevada prevalencia del femicidio de América Latina y el Caribe, esta región se encuentra entre las más avanzadas del mundo jurídicamente en temas de violencia de género. Frente a los 603 millones de mujeres que hoy en día viven en países donde la violencia doméstica aún no es considerada un crimen, según ONU Mujeres, en América Latina casi todos los países ratificaron la Convención de Belém do Pará, un instrumento especifico para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, y cuentan con legislación que califica a la violencia de género como una violación a los derechos humanos de las mujeres. La reciente inclusión del femicidio y su tipificación en el Código Penal argentino fue un avance importantísimo. Pero como las cifras acusan, persiste una enorme brecha entre el deber ser de la ley y una realidad que apenas empieza a destaparse. Para lograr un cambio, no basta con la aplicación efectiva de la legislación, se necesita asimismo introducir cambios socio-culturales. Pues en sociedades multiétnicas y multiculturales como las latinoamericanas, la violencia de género se manifiesta independientemente de las fronteras culturales, de clase o de nacionalidad.

CONDICIONES DE INEQUIDAD

 Se trata de un problema sustentado en las relaciones de poder estructural e históricamente desiguales, desequivalentes entre varones y mujeres, y que se inscribe en sociedades profundamente marcadas por el orden patriarcal, la discriminación y el racismo. La influencia de la iglesia católica más conservadora, así como el nivel de aceptación social e institucional de la violencia de género y su naturalización, son algunos de los factores que dificultan su abordaje. A ellos se suman el subregistro y la resultante información deficiente sobre el tema, debido al hecho que generalmente la violencia se calla y se oculta por parte de las mismas víctimas. Sacar a las mujeres del aislamiento y del silencio no es una tarea fácil, y menos en países con amplios sectores de población rural e indígena.

 Programa: ComVoMujer 
Un importante esfuerzo en esta dirección es el que está llevando a cabo el programa ComVoMujer de la Cooperación Alemana al Desarrollo (GIZ). Con un enfoque dirigido específicamente a las mujeres indígenas, afroamericanas y de zonas rurales de Bolivia, Ecuador, Paraguay y Perú, ComVoMujer tiene como finalidad lograr un cambio de mentalidad para efectivamente proteger a las mujeres de la violencia de género así como erradicar prácticas discriminatorias basadas en prejuicios y estereotipos. Las acciones y medidas del programa responden a una doble estrategia: por un lado, desarrollar las capacidades de los actores relevantes y por otro, hacer cumplir las convenciones regionales y los planes de acción nacionales contra la violencia de género a través de subsidios locales y medidas de asesoramiento. Esto incluye la mejora de los servicios estatales y no estatales en las zonas rurales y el fomento de la cultura empresarial para combatir la violencia. Un aspecto crucial del programa es su enfoque centrado en la colaboración y participación de “los tres pilares más importantes de la sociedad – entidades de gobierno, del sector privado y de la sociedad civil -”, según la directora del programa regional, Christine Brendel. ComVoMujer parte de la base de que “sólo mediante un trabajo conjunto se logrará enfrentar eficiente y eficazmente un problema multidimensional que, para solucionarse, requiere del esfuerzo de todas y todos“. Considera por lo tanto prioritario trabajar con estos actores y vincularlos entre sí, promover el diálogo y el intercambio, generar redes y demás acciones similares. El trabajo en colaboración, de hecho, se reproduce en los distintos órdenes: entre los tres actores ya nombrados hacia el interior de cada país, entre los países participantes en el plano regional y entre Alemania y los países participantes en el plano internacional, pues ComVoMujer propone la construcción de una plataforma de intercambio de conocimientos Sur-Norte que se nutre del aporte de experiencias y expertisia por parte del programa. Frente a la inacción y la falta de protección que ofrecen los Estados, ComVoMujer demuestra que aún queda mucho por hacer, al desplegar un abanico muy nutrido de medidas intersectoriales en distintos niveles. Entre otras, se firmaron convenios con cámaras empresariales para abordar la violencia de género en el ámbito de trabajo, se brindaron cursos de capacitación a las variopintas entidades que implementan las leyes: desde las comisarías, los refugios, el personal médico hasta las autoridades de justicia comunitaria, las fiscalías y las cortes -como las Brigadas de Protección a la Familia en Bolivia-, se realizaron encuentros de diálogo con entidades de mujeres, se promovieron mesas de informes y asesoría jurídica, se promovieron y difundieron leyes y proyectos de legislación, se llevaron a cabo actividades de prevención y promoción en comunidades locales y con entidades de mujeres, se diseñaron y promovieron campañas de información nacionales y otras actividades de sensibilización. Ejemplo de la orientación del programa a las poblaciones indígenas es el documento audiovisual “Voces de dignidad” que el Grupo Sunu de Acción Intercultural de Paraguay está terminando, en base a una investigación en varias comunidades del país que tuvo como objeto relevar la percepción de las mujeres indígenas sobre género y violencia y, en casos de violencia, cuáles son los circuitos a los que se acude en busca de ayuda. Mariana Franco, investigadora de este grupo que formó parte del trabajo de campo, contó que es la primera vez que el tema de género es investigado en comunidades indígenas paraguayas y señaló que todo este material quedó registrado audiovisualmente. Describió que en las entrevistas en profundidad, al partir de la discusión sobre género, en todos los casos salió el tema de la violencia. Destacó que para ninguna de las mujeres entrevistadas el tema de la violencia resultó desconocido, que “un 100% de las mujeres conoce un caso en el seno de su comunidad“. Entre las conclusiones, destacó que estas mujeres identificaron como violencia el que no se escuche su voz: “por más que hay participación, ellas manifestaron que… no se tiene en cuenta su voz“. A raíz de las entrevistas, las mujeres indígenas expresaron una enorme necesidad por conocer más sobre sus derechos; se detectó por lo tanto una demanda concreta de capacitación sobre este tema. También Franco señaló la ausencia del Estado para responder a las necesidades de las mujeres en las zonas más alejadas de estos países. Quienes suelen acudir a la justicia comunitaria como alternativa señalan que tampoco es de utilidad para las víctimas de la violencia de género: la convivencia de los dos sistemas de justicia implica, a menudo, que las mujeres más bien terminan siendo revictimizadas en ambos sistemas. Como los códigos culturales y la justicia comunitaria de las comunidades indígenas son muy distintos a los oficiales, “entre las tareas pendientes del Estado se encuentra el armado de códigos interculturales y en varios idiomas para responder a la realidad lingüística de estos pueblos, así como la formación de promotoras comunitarias, que puedan asesorar en cuanto a las instancias a recurrir y derechos”. En relación a la colaboración con el sector privado, Brendel explica que las formas específicas de violencia de género afectan al pleno desarrollo y la economía de la región. “Una vez que se les demuestra [a los empresarios] el impacto que la violencia hacia las mujeres tiene en su emprendimiento“, aclara, “se comprometen de manera asertiva en el marco de sus políticas de Responsabilidad Social Empresarial”. Éste fue el caso de las empresas florícolas en Ecuador, quienes además de montar capacitaciones destinadas a su personal y establecer rutas críticas de apoyo en situaciones de crisis para la derivación a los servicios estatales correspondientes, incluyeron indicadores de violencia de género en el proceso de certificación Flor-Ec; similares procesos de capacitación tuvieron lugar en 21 empresas prestadoras de servicios de saneamiento y en la empresa pesquera TASA de Perú. Los éxitos de ComVoMujer pueden medirse en la provisión y el fortalecimiento de capacidades y herramientas, en la apropiación de las medidas conjuntas y en la generación de medidas innovadoras para combatir la violencia en los países participantes. Brendel agrega que la asesoría técnica del programa y el proceso de trabajo realizado han llevado hacia una mayor visibilidad y una percepción importante del tema para la región. Asimismo, ComVoMujer ha ampliado el circuito de la cooperación internacional, pues las experiencias y ejemplos provenientes del programa, en el marco de este intercambio Sur-Norte, ya se encuentran sistematizados, a disposición del Estado alemán y podrán aprovecharse en otras regiones para definir estrategias innovadoras en la lucha contra la violencia de género.


 FUENTE: COMUNICAR IGUALDAD (SANDRA Chaher) - Por María Ortiz

MONICA BARSANELLI