miércoles, 10 de abril de 2013

LA VIOLENCIA SEXUAL COMO DELITO DE LESA HUMANIDAD









De acuerdo con el  Informe Nacional sobre Desaparición de Personas, las mujeres constituyeron un 33% del total de los desaparecidos/as, de las cuales el 10% estaban embarazadas (un 3% del total). Por otro lado, a pesar de no contar con registros completos; se estima que un tercio de las personas que pasaron por los centros clandestino de detención y las cárcel éramos mujeres. Digo éramos porque voy a hablar en  primera persona como parte del colectivo de detenidas durante el terrorismo de estado.

María Sondereger, investigadora a cargo de la cátedra de DDHH de las Universidad. de Quilmes, unos años atrás, abordó una práctica sistemática, que aparecía subsumida en la figura de tormentos, para empezar a hablar de Violencia Sexual. Ella explicaba:  “Fue necesaria una transformación de los marcos sociales de memoria para que se empezaran a crear las condiciones para “nuevos” recuerdos: la incorporación de la perspectiva de género en la investigación de ataques sexuales en situaciones de conflicto armado o en procesos represivos internos permitió identificar una práctica reiterada y persistente de violencia sexual” y aquí hay un punto para aclarar; los ataques sexuales lo sufrieron hombres y mujeres pero los efectos fueron diferentes.  En el caso de ellos buscaban destruirlo avanzando sobre aspectos que hacen a la identidad masculina, feminizándolo.  Los detenidos poco hablan del tema, hasta donde se sabe no se cuenta con estudios específicos, pero hay coincidencia en afirmar que silencio se explica por la vergüenza. La vergüenza en las víctimas fue un sentimiento común,  pero en nosotras, además,  operó la Culpa, que no se evidencia en los hombres.

Para poder comprender la direccionalidad de los "castigos" aplicados a las mujeres detenidas y cómo operó culpa  es necesario remitirse al discurso de la dictadura. Él  reúne la mirada del catolicismo ultramontano, donde las mujeres somos la puerta de entrada al infierno  (que sólo se redime con la maternidad y la sumisión  al hombre); esta premisa se combina con  las doctrinas contrainsurgentes que destilan odio al espíritu emancipatorio e igualitario de las revoluciones modernas. Los golpistas reforzaron la concepción patriarcal en las relaciones de género, consagraron  un estereotipo de mujer ligado exclusivamente a su función procreadora cuyo papel principal debía ejercerse dentro de la familia, núcleo fundamental del orden y de conservación del statu quo. De acuerdo a este discurso, la mujer es mujer  en tanto madre. Por ende las presas éramos doblemente transgresoras, no estábamos consagradas a lo hogareño ni éramos esposas convencionales, habíamos abandonado la reclusión en lo privado para lanzarnos a lo público y además cuestionábamos los valores del sistema político.  

Al otro lado es bueno recordar que las instituciones militares son constitutivamente formadoras de guerreros como forma suprema de hombría, organizadas jerárquicamente,  basadas en la subordinación por rangos, asentada en la sumisión  de uno por otros e impregnadas por la violencia.

Esta caracterización la resalto porque desde ese lugar se disponía de nuestros cuerpos. Los castigos,  torturas y la violencia sexual tenían intención disciplinadora sobre el conjunto de las mujeres.

En una investigación realizada por el Cladem e INSGENAR -Instituto de Genero y Desarrollo- de Rosario, volcada en el libro “Grietas en  el Silencio”, se recabó el testimonio de 18 mujeres y 4 varones víctimas de violencia sexual. Fruto de ese trabajo, una de sus autoras, Analía Aucía, tipificó las prácticas inherentes a la violencia sexual que, simplemente, voy a enumerar: La desnudez continua; la humillación; el exhibicionismo; la lascivia; el forzamiento a la pornografía; la violación; el embarazo o aborto forzado y la esclavitud sexual son las prácticas que emergen de los testimonios recabados para la investigación.

Por su parte, en la misma obra, la psicóloga Cristina Zurutuza, se pregunta contra qué perfil de mujeres y quienes  realizaban estas atrocidades. La inferencia es que  la Violencia Sexual se ejerció contra el conjunto de las mujeres: adolescentes, casadas, adultas incluso mayores, con y sin militancia, incluso embarazadas. La practicaban: guardias, carceleros, miembros de los Grupos de Tareas, oficiales, tripulación, comandantes y hasta jueces militares.

La función apuntaba a “dejar de ser”. No sólo sacar información sino operar sobre la subjetividad para  moldear un nuevo sujeto




Nosotras quedamos a disposición de las FFAA en Centros Clandestino de Detención y en cárceles; de los primeros, algunas quedaron con vida aunque los testimonios conocidos surgen de quienes fuimos legalizadas y trasladadas a penitenciarías. Las mujeres estuvimos  concentradas en  la Unidad de Devoto en Buenos Aires; casualmente, no hace mucho se conocieron  disposiciones internas de ese centro, una de 1977 denominada “Recuperación de Pensionistas” y otra de 1979 que evidencian la finalidad sujetar  los cuerpos apresados hasta en los más mínimos detalles.  También la cárcel de Devoto, fue utilizada para mostrarnos como objeto de exposición, con motivo de llegada de Organismos externos de DDHH y  la Cruz Roja para monitorear las denuncias internacionales.

De acuerdo a la lógica patriarcal, la guerra es para los hombres, como en toda guerra, las mujeres nos  transformamos en un botín preciado para los dominadores. La combinación entre ser mujeres ostentadas y ser mujeres rehenes fortaleció la idea de la dictadura militar de asentarnos como trofeos propios.
En cuanto al sentimiento de culpa, enraizado en nosotras; los  argumento esgrimidos por los agentes de aquel estado  tenían ligeras variantes. A las madres apresadas se les atribuía haber cometido, prácticamente, un acto de “filicidio” por no haberse abocado a sus hijos e hijas y haber incursionado en política. Al resto de las mujeres se las culpaba de haber cometido actos de abondono y deserción respecto de otros vínculos como el de hija, esposa o hermana.
En un espacio de reflexión las  ex presas políticas concluimos en que


 “lo que buscaban los militares era hacernos creer que nosotras buscábamos la muerte, eramos las que nos hacíamos torturar, las que abandonábamos a nuestros bebés y a nuestros deberes y responsabilidades como mujeres, como madres, como miembros de una familia de origen y la constituida por decisión propia”. Paralelamente rondaba la percepción de que nos violaban porque nosotras, en cuerpo de mujer, éramos una tentación irrefrenable.  Muchas cargaban con esa culpa. 


Para completar el panorama  diré, que el discurso adoptado por la represión hacía y hace una   exaltación de la maternidad,   pero a la vez se ejerció una operación de exterminio sobre las militantes madres, apropiándose inescrupulosamente  del linaje de niños y niñas nacidos en CCD. Si bien en la cárcel legal esta subversión de sentidos no tomó esa forma extrema, también el centro de la mortificación coincidió con la pauta de género, ya que si una mujer podía emular a los hombres en la lucha y en las cuestiones de estado, debía ser confinada, obstruidas sus facultades intelectuales, y retirados sus pequeños hijos o hijas, aún lactantes, de las celdas o  despojadas de su descendencia.

Entre las ex  detenidas persiste el ocultamiento y el silencio sobre la violencia sexual sufrida en aquella etapa; quienes estamos dispuestas a hablar de esto, encontramos en la palabra la posibilidad de liberarnos de lo sucedido;  pero, a la vez, sostenemos que quienes pertenecieron al aparato represivo deben ser juzgados por violación, no solo por tortura,  porque muchos violaron y otros fueron cómplices de esos ataques, todos lo sabían.

Finalmente, aunque perdurarán por siempre las cicatrices, creemos que la reparación llegará con la Justicia. 
FUENTE: Sofía D’Andrea es periodista argentina. Este fue el texto de su ponencia en el panel “Lesa Humanidad: delitos contra la integridad sexual” organizado por la Cátedra Libre de Derechos Humanos de la Universidad de Congreso, Mendoza 26 de marzo de 2013

MULTINACIONALES, IMPACTOS Y DESIGUALDAD DE GÉNERO


¿Qué tienen que ver las corporaciones transnacionales con las desigualdades de género? ¿Tienen las actividades de las multinacionales consecuencias específicas sobre las mujeres? Yendo más allá de las campañas de marketing y de la imagen edulcorada que nos transmiten las grandes marcas, ¿existen otras realidades que no aparecen en los medios de comunicación masivos? Tomando algunos casos de empresas españolas a modo de ejemplo, trataremos en este artículo de dar visibilidad a un hecho poco difundido: cómo la expansión global de las compañías multinacionales ha repercutido de forma muy negativa sobre las mujeres.




“Es un día histórico para el equilibrio entre géneros y para la igualdad”, afirmaba hace dos meses Viviane Reding, vicepresidenta de la Comisión Europea. “Las mujeres han esperado algo así más de cien años”, había dicho Reding unas semanas antes. ¿Y cuál era el logro “histórico” al que se refería la comisaria? En realidad, con esas palabras venía a celebrar la aprobación de una directiva europea para conseguir que haya una mayor presencia de mujeres en los órganos de dirección de las empresas; esto es, un sistema de cuotas para que, en el año 2020, se garantice que al menos el 40 por ciento de los puestos no ejecutivos de los consejos de administración de las grandes corporaciones estén ocupados por mujeres [1].

Este hecho fue ampliamente recogido por los principales medios de comunicación de todo el continente, aunque no parece que dicha norma, incluso en el caso de que llegara a aplicarse (cosa poco probable a la vista de cómo han reaccionado otros miembros de la Comisión y de gobiernos europeos), vaya a significar precisamente la culminación de un siglo de luchas feministas y reivindicaciones de igualdad. Es un ejemplo ilustrativo, eso sí, de cómo enfocan los mass media (y, por extensión, buena parte de las sociedades de los países centrales) la cuestión de género en relación con el capital transnacional.

Transnacionales y desigualdades de género

Al igual que ocurre con el tratamiento de las mujeres en los anuncios publicitarios, las noticias de este tipo sirven para mostrar el modo que tienen de entender las desigualdades de género las instituciones. Y es que, de la misma manera que en los spots del ejército español se realza la incorporación de la mujer a las fuerzas armadas como un símbolo de igualdad, parece que si las empresas multinacionales quieren incluir la perspectiva de género en sus negocios y operaciones lo único que tienen que hacer es fomentar una mayor participación de mujeres en sus comités de dirección.

“Las empresarias exigen a Zapatero participar en la reunión”, decía la prensa de este país en noviembre de 2010 para destacar que en el que iba a ser el primer gran encuentro del anterior presidente del gobierno con líderes de las grandes compañías españolas no hubiera presencia femenina. Finalmente, Moncloa amplió la lista de invitados para que al menos hubiera dos mujeres. Pero resulta difícil creer que, de haber habido más empresarias tanto en esa como en las reuniones similares que se han realizado desde entonces, la dinámica de reformas económicas, recortes, ajustes sociales y pérdida de derechos individuales y colectivos, que han impactado fuertemente sobre las mujeres, hubiera sido distinta a la que estamos sufriendo.

En otras ocasiones se publican datos relativos a la “brecha salarial”, un concepto utilizado en las últimas décadas para hacer referencia a las diferencias de retribución existentes entre hombres y mujeres en el mercado laboral (si bien es cierto que este término se ha ampliado a las desigualdades en el seno de las empresas) [2]. Hay veces en las que se hace mención a las condiciones laborales de las mujeres en los países periféricos (donde producen mercancías destinadas a la exportación para su consumo en las regiones centrales), tal y como ha ocurrido, por ejemplo, a raíz del incendio en noviembre de 2012 en una fábrica de Bangladesh en el que murieron más de un centenar de mujeres.

En todas esas informaciones, sin embargo, nunca tienen cabida enfoques que partan de que vivimos en un sistema socioeconómico que, junto a otros factores, se ha articulado sobre la base de la dominación y explotación de las mujeres para seguir con su lógica de acumulación y expansión. Por eso, no se dice que en la planta textil recientemente incendiada se fabricaban prendas para transnacionales como Wal-Mart y C&A, ni que hasta hace muy poco también lo hacía para Sfera e Hipercor, ambas de El Corte Inglés [3].

Tampoco se da a conocer que la llegada de las multinacionales a los países periféricos (especialmente en el caso de las industrias de producción intensiva para la exportación) está sujeta al empleo de mujeres en condiciones sociolaborales tremendamente precarias. Utilizan la desigualdad entre mujeres y hombres, precisamente, para provocar una fuerte reducción de costes laborales y la dirección de una mano de obra más vulnerable, perpetuando así las diferencias salariales, la división sexual del trabajo y la invisibilización de las tareas de cuidado y reproducción social [4].

El hecho de que exista una predominancia de la mano de obra femenina en las fábricas situadas en las zonas francas de exportación, también llamadas maquilas, así como la explotación que sufren las mujeres que trabajan en ellas, ha venido siendo analizado en la última década por diferentes organizaciones sociales y centros de investigación. Los grandes beneficios del “modelo maquila” se basan en la ausencia de aranceles aduaneros, en la eliminación de impuestos para las empresas y en otros incentivos como el acceso a mano de obra barata. Y este esquema de producción y distribución para el mercado global no se restringe exclusivamente a la industria del textil, sino que también se ha extendido a otros sectores económicos como el de la floricultura, el procesamiento de alimentos y los call-centers.

Impactos de las multinacionales españolas sobre las mujeres

Las principales empresas transnacionales españolas, como no podía ser de otra manera, no escapan a esta lógica e igualmente obtienen grandes beneficios a costa de la explotación y la violación de los derechos fundamentales de las mujeres. Pueden citarse los casos de Inditex, Calvo y Telefónica, que han expandido sus negocios a muchos países a través del “modelo maquila”, así como el de Gas Natural Fenosa, cuyas operaciones han ocasionado graves impactos sobre los derechos económicos, sociales y culturales de las mujeres por la privatización de los servicios públicos.

El incremento año tras año de las ganancias Inditex, sin ir más lejos, ha sido debido a la ausencia de unas mínimas condiciones laborales en las fábricas de sus proveedores y subcontratas, cuando no directamente del trabajo esclavo de mujeres. En la India, por ejemplo, las empresas textiles que suministran sus productos a las marcas del grupo Inditex emplean a niñas y adolescentes sin contrato, privadas de libertad y en condiciones insalubres durante más de 72 horas semanales a cambio de un salario de 0,88 euros al día [5]. La firma AHA, uno de los proveedores en Brasil de la compañía presidida por Amancio Ortega, fue denunciada por el Ministerio de Trabajo de aquel país al descubrir dos talleres en los que inmigrantes indocumentadas bolivianas y peruanas operaban en unas condiciones análogas a la esclavitud: jornadas de 16 horas, sin autorización para salir a la calle y habitando en infraviviendas [6]. Este patrón se repite en sus fábricas ubicadas en Marruecos, donde se han evidenciado abusos y violaciones de los derechos laborales más básicos [7].

En el ámbito del procesamiento de alimentos, Calvo reproduce un modelo muy similar. Desde que, hace una década, esta transnacional española instaló su planta procesadora de atún en El Salvador, sus actividades han ido acompañadas de continuas denuncias de sus trabajadoras por la violación de sus derechos laborales. Y es que la plantilla de la empresa está conformada, fundamentalmente, por mujeres que sufren una severa explotación: presencia de guardias armados en la fábrica, jornadas de duración excesiva, sin el pago de horas extras, intoxicaciones masivas y otros impactos a la salud, discriminación salarial, despidos por actividad sindical, chantaje y creación de un sindicato patronal bajo la tutela de la gerencia… Todo ello se ha vuelto moneda de uso corriente para las trabajadoras de Calvo en la región centroamericana [8]. Junto a esto, se ha producido una fuerte represión de las protestas. Uno de los últimos episodios tuvo lugar en 2011, cuando las mujeres se movilizaron para evitar la eliminación de un bono que utilizaban para cubrir los gastos escolares de sus hijos: directivos de la empresa amenazaron, agredieron y sancionaron a quienes se habían movilizado para defender sus derechos [9].

Con sus centros de atención telefónica (call-centers), Telefónica representa otro ejemplo de explotación laboral. En sitios como la provincia de Córdoba, Argentina, donde estas empresas están totalmente exentas del pago de impuestos sobre los ingresos, los call-centers se benefician no sólo de las exenciones fiscales, sino también del reducido coste salarial del personal contratado, fundamentalmente femenino. “Desde el punto de vista de la medicina laboral, los call-centers reúnen todos los males de la globalización”, sostienen diversas fuentes médicas [10]: “El control permanente afecta a la salud, genera síntomas psicosomáticos como irritación, nerviosismo, erupciones en la piel, insomnio, problemas de relaciones interpersonales, gastritis, colitis, colon irritable, ataques de pánico, aumento de la presión arterial…”

La mercantilización de los servicios públicos, por otra parte, ha impactado fundamentalmente en las personas sobre las que recae el trabajo de cuidados y reproducción social: esto es, las mujeres. De esta forma, la privatización de la electricidad en Colombia y Nicaragua, con una gestión que ha pasado a manos de compañías como Gas Natural Fenosa, ha llevado a que en los barrios empobrecidos de muchas ciudades de estos dos países se multipliquen los cortes de suministro y el racionamiento de electricidad, los problemas de atención sanitaria, la falta de agua porque no hay energía para bombearla, la alteración del horario lectivo en colegios, institutos y universidades, etc [11]. Todo ello obliga a las mujeres a tener más carga laboral en el hogar, más horas de trabajo voluntario en las comunidades y en actividades generadoras de ingresos, en detrimento de sus condiciones de salud, calidad de vida y tiempo libre.

Esto se llama capitalismo

A raíz del revuelo que se ha creado recientemente en el Reino Unido, cuando se ha conocido que grandes corporaciones como Google, Amazon y Starbucks evitan pagar impuestos en territorio británico derivando sus beneficios a sus subsidiarias en Luxemburgo, Holanda e Irlanda, el director general de Google ha declarado estar “muy orgulloso de toda la estructura montada”. “Eso se llama capitalismo”, afirmó Eric Schmidt.

Podríamos decir algo muy parecido sobre la explotación laboral, las desigualdades de género y las violaciones de los derechos de las mujeres que cometen habitualmente las empresas transnacionales: así funciona el sistema capitalista. Lo que ocurre es que las mayorías sociales, al contrario de cómo se siente el ejecutivo de Google, compartimos un estado de indignación con respecto a este modelo socioeconómico tan desigual e injusto. Y, por eso, queremos transformarlo.

Erika González y Pedro Ramiro son investigadores del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL) – Paz con Dignidad.

Ver en línea : Pueblos, nº 55, primer trimestre de 2013.

Notas

[1] En el conjunto de la Unión Europea, el porcentaje de mujeres en las cúpulas empresariales es del 13,7 por ciento. España (11,5 por ciento) está por debajo de la media europea, a pesar de ser uno de los pocos Estados miembros de la UE que ha legislado sobre esta materia.

[2] Montero Soler, Alberto (2012): “Brecha salarial”, en J. Hernández Zubizarreta, E. González y P. Ramiro (eds.): Diccionario crítico de empresas transnacionales, Icaria, Barcelona.

[3] Kreisler, Eva (2012): “‘Made in Bangladesh’: el coste humano y la responsabilidad de las marcas internacionales”, Campaña Ropa Limpia.

[4] Pérez, Silvia M. (2012): “Desigualdad de género”, en J. Hernández Zubizarreta, E. González y P. Ramiro (eds.): Diccionario crítico de empresas transnacionales, Icaria, Barcelona.

[5] Lobo, José L.: “Trabajo esclavo en la India: Inditex, Corte Inglés y Cortefiel incluidas en la ‘lista negra’”, El Confidencial, 23 de marzo de 2012.

[6] “Zara y procuraduría laboral brasileña firman acuerdo para subsanar denuncias”, EFE, 19 de noviembre de 2012; Juan Luis Berterretche, “Brasil: Zara no reconoce su infamia”, Rebelión, 2 de diciembre de 2011.

[7] Sales i Campos, Albert (coord.) (2011): La moda española en Tánger: trabajo y supervivencia de las obreras de la confección, Campaña Ropa Limpia-Setem.

[8] Centro de Investigación sobre Inversión y Comercio (CEICOM) (2010): Las transnacionales y la responsabilidad social. Estudio de caso: grupo Calvo en El Salvador.

[9] CEAL y Rel-UITA: “Calvo en El Salvador: de nuevo el atún antisindical”, 28 de enero de 2011.

[10] Clínica de Interés Público de Córdoba (2010): Responsabilidad de las empresas privadas y los derechos humanos: El caso de los “call centers” en Córdoba (Argentina).

[11] González, Erika; y Carrión, Jesús (2009): “La Responsabilidad Social Corporativa de Unión Fenosa a estudio: Los casos de Colombia y Nicaragua”, Lan Harremanak, nº 19, Universidad del País Vasco (UPV/EHU).

Fuente: Alainet - Por Erika González y Pedro Ramiro

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FUENTE: COLECTIVO DE NEGRO MUJERES ARGENTINAS

LA IGUALDAD DE GÉNERO Y LOS DERECHOS DE LAS MUJERES DEBEN ESTAR EN EL CENTRO DE CADA OBJETIVO Y RESULTADO





Entre el 8 y el 22 de abril se realizará una consulta virtual sobre Igualdad de Género y Empoderamiento de las Mujeres en América Latina y el Caribe en el sitio www.worldwewant2015.org. La misma se vincula al proceso de debate post Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) liderado por la Organización de las Naciones Unidas en todo el mundo. 
La idea es convocar a la ciudadanía para que aporte sus ideas en base al mundo que queremos y luego consensuarlas con las miradas de los Estados, el sector privado y especialistas en cada tema. De la síntesis, deberían surgir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que guiarán a la humanidad luego del 2015. Las organizaciones de mujeres y de género definen sus prioridades.

 En el año 2000 fue aprobada en el marco de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) la Declaración del Milenio de la que surgieron los 8 Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), algo así como una guía para la humanidad durante este siglo. Los ODM vencen en el año 2015, es decir los ocho objetivos propuestos deben ser evaluados ese año para saber si la humanidad logró o no avanzar en su logro. Con vistas a esta revisión, la ONU inició en el 2012 un proceso de debate global de grandes alcances que pretende involucrar a la mayor cantidad de personas posible en el diseño de la agenda de desarrollo posterior a esa fecha. Esto, en parte, en base a la experiencia muy cuestionada de los ODM como líneas de acción que fueron definidas en el marco de la ONU sin consultas previas y, también con la convicción de que, como señala Olav Kjorven –director del Departamento de Políticas de Desarrollo para el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)- “los líderes políticos de los países sólo aceptarán compromisos difíciles en la medida en que haya un nivel de presión desde la sociedad civil”.

Para llegar al 2015 con la mayor cantidad de información posible, la ONU estableció distintas formas de participación: de integrantes de las mismas Naciones Unidas, de especialistas en cada tema y de la sociedad civil. Esta última ya está participando a través de dos sitios en internet  - www.worldwewant2015.org y www.my world2015.org- donde en diferentes idiomas se pueden dejar comentarios sobre los temas establecidos para el debate: educación, energía, sostenibilidad ambiental, seguridad alimentaria, conflicto y fragilidad, gobernabilidad, crecimiento y empleo, salud, desigualdades, dinámica de la población y agua. “Igualdad de género” es uno de los subtemas dentro de “desigualdades”; y también allí puede debatirse sobre “orientación sexual”.

El 8 de abril se iniciará en www.worldwewant2015.org un debate específico sobre Igualdad de Género y Empoderamiento de las Mujeres en América Latina y el Caribe, del que podrán participar libremente todas las personas.

A su vez, hay iniciativas propuestas desde la sociedad civil para debatir este proceso que también están articulando en la web. Una de ellas es Beyond 2015 que reúne a más de 570 organizaciones en más de 95 países.


La perspectiva de género en la consulta global

La consulta global que está llevando adelante la ONU es tomada con cautela desde muchos sectores de la sociedad civil que trabajan temas de género y que temen, por un lado, que el proceso no sea lo suficientemente participativo y que las opiniones que aparezcan reflejadas en el documento final no representen a todos los sectores intervinientes y, por otro, que las conclusiones a las que se arribe y que delinearán el futuro de la humanidad no propongan un cambio sustancial del actual modelo de desarrollo, que es lo que sustancialmente se reclama para el logro de la igualdad de género.

“Nos preocupa que se continúe hablando de metas, indicadores y progreso sin abordar las causas estructurales de la inequidad e inestabilidad globales –señala Alejandra Scampini, directora de la Iniciativa “Influir los Actores y las Prácticas del Desarrollo por los Derechos de las Mujeres” de la Asociación por los Derechos de la Mujeres y el Desarrollo (AWID)-.  Parte de las aprehensiones que manifiestan muchos sectores feministas tiene que ver con que los ODM fueron diseñados pensando en cómo paliar las consecuencias de un modelo productivo neoliberal que por definición perpetua la desigualdad de género, mientras que una agenda que ponga en el centro al desarrollo humano debería redefinir las bases de este modelo económico. En este sentido, uno de los debates posteriores a la definición de los ODM en el año 2000 fue que la igualdad de género estaba definida como uno de los ocho ODM en lugar de atravesar transversalmente a todos ya que la desigualdad de género está presente en todos los temas sociales. Teniendo en cuenta este antecedente y cuando se le consulta sobre la mejor forma de inclusión de la igualdad de género en los ODS, Scampini señala: “No creo que sea una cuestión de tener la igualdad de género como un objetivo sino asegurar que se consideren aspectos de los derechos humanos en la definición de los límites para conseguir la sustentabilidad de los recursos. (…) Es importante destacar que aún en este momento no hay claridad sobre el estado de avance en la formulación de los ODS ni acuerdos sobre los conceptos de sostenibilidad. De hecho, creemos que es una oportunidad para que los países lleguen a acuerdos fundamentales que no llegaron en la Conferencia de Rio+ 20. Estos son urgentes para la existencia misma de las personas y del planeta.  La igualdad de género debe ser reconocida como principio y objetivo fundamental del conjunto de acuerdos sobre sostenibildad ambiental, y deben incluirse medidas específicas en todos las áreas relevantes para asegurar que la participación y aporte pleno de las mujeres y otros grupos históricamente excluidos”.



Anne Schoenstein, también de AWID, define de la siguiente forma los cambios conceptuales sustanciales que deberían aportar los ODS para realmente apuntar al logro de la igualdad de género: “La macroeconomía necesita ser redefinida, reformando la economía global y las regulaciones e instituciones financieras en concordancia con los derechos humanos. En segundo lugar, abordar la sostenibilidad significa que un nuevo conjunto de derechos, los derechos de las futuras generaciones y los derechos de nuestro planeta tienen que ser acordados y es realmente importante la coherencia entre el proceso posterior a 2015 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En tercer lugar, la coherencia entre las políticas para las necesidades del desarrollo debe ser central en el marco posterior a los ODM. En cuarto lugar, se requieren nuevas maneras de definir y medir el desarrollo que tengan en cuenta la economía del cuidado y el trabajo no remunerado. Finalmente, es necesario ir más allá de la incorporación transversal de la perspectiva de género para promover los derechos de las mujeres. Esto significa poner la igualdad de género y los derechos de las mujeres en el centro de cada objetivo y resultado, así como continuar el trabajo específico relacionado con los derechos de las mujeres”.

¿Qué propone la ONU?

Un Grupo de Trabajo designado por el secretario general de la ONU presentó a mediados del 2012 el informe El futuro que queremos para todos en el que se resumen los principales aspectos que la misma ONU promoverá de cara al diseño de los ODS en el 2015. Allí se señala: “El principal reto de la agenda de desarrollo post 2015 es asegurar que la globalización se convierta en una fuerza positiva para todos los habitantes del mundo en esta generación y en las generaciones del futuro. La globalización ofrece grandes oportunidades, pero sus beneficios, en este momento, se distribuyen de manera muy desigual. La búsqueda continua por mejorar el bienestar material de la gente amenaza con sobrepasar los límites materiales del planeta, a menos que haya un cambio radical hacia patrones de consumo y de producción sostenibles en relación al uso de los recursos naturales. Las desigualdades existentes y la lucha para acceder a recursos naturales escasos, son determinantes clave de situaciones de conflicto, hambre, inseguridad y violencia que a su vez frenan el desarrollo humano y los esfuerzos para lograr un desarrollo sostenible”.

Según este informe, la agenda del desarrollo posterior al 2015, es decir los ODS que puedan consensuarse, deberían estar centrados en los derechos humanos, la equidad y la sostenibilidad; y las cuatro dimensiones sobre las que se deberá trabajar son el desarrollo social incluyente, el  desarrollo económico incluyente, la sostenibilidad del medio ambiente; y la paz y la seguridad.

En relación específicamente a género, Helen Clark -administradora del Programa de las Naciones Unidas para el desarrollo y presidenta del Grupo de las Naciones Unidas para el Desarrollo – señaló refiriéndose al debate postODM como se lo ha llamado: “Quisiera subrayar la importancia de asegurar que sea un proceso incluyente, que se ocupe de las cuestiones de género e involucre de forma plena e igualitaria a hombres y mujeres”.

FUENTE. COMUNICAR IGUALDAD - POR SANDRA CHAHER


martes, 9 de abril de 2013

HERMANAS JARA: CONDENADAS PERO LIBRES





El Tribunal en lo Criminal 2 condenó a dos años y un mes de prisión a Marina y Ailén Jara por hallarlas "coautoras de lesiones graves" contra el hombre que había intentado violarlas. Ambas jóvenes, de 20 y 21 años respectivamente, estaban con prisión preventiva desde hace más de dos años, motivo por el cual los jueces ordenaron su "inmediata libertad".

La Fiscalía había solicitado que las jóvenes sean condenadas a la pena de 5 años y 6 meses de prisión, mientras que la defensa había reclamado la absolución. Isidro Encina, abogado de las hermanas, consideró que el fallo dictado por los jueces Marco Barski, Graciela Larroque y José Ibrahim dejó "demostrada la inocencia de las jóvenes a pesar de que las condenaron".

El letrado sostuvo que "es insólito que hayan estado detenidas durante dos años por intento de homicidio, porque el fallo final fue lesiones graves" y señaló que "esa carátula debió haber tenido la causa desde que el Tribunal Oral en lo Criminal de Mercedes se hizo cargo del caso".

Elena Salinas, madre de las Marina y Ailén, consideró que "las mujeres no nos tenemos que callar". "Quiero verlas, abrazarlas", dijo la mujer y consideró que "tenemos que seguir en la lucha, hay que aprender a denunciar y no callarnos".

FUENTE . PÁGINA 12

¿ CUÁNDO LA MEDICINA TENDRÁ UNA VISIÓN FEMENINA?







La atención y el tratamiento de la salud no es igual si la paciente es una mujer o un varón, y tampoco si el médico es varón o mujer. El género de ambos puede determinar tanto discriminación como una empatía particular, depende de cuán sensibilizados estén con las diferencias y desigualdades entre sexos y géneros. En esta nota dos médicas –una cardióloga y una ginecóloga- desmenuzan las prácticas discriminatorias y la ignorancia que aún persiste para las mujeres, sobre todo como pacientes pero también como médicas.





 Si a lo largo del tiempo, la medicina ha sufrido transformaciones, un factor parece permanecer invariable y es el lugar del  saber, instalado del lado de quienes ejercen la profesión. Y como saber implica la posibilidad del ejercicio de distintas formas de poder, se impone la cita a Michel Foucalt. “La mirada médica es la que abre el secreto de la enfermedad”, dijo el filósofo en El nacimiento de la clínica. Cuando alguien llega a consulta, no lleva una patología, lleva un síntoma que identifica y reconoce en su propio cuerpo. La escucha profesional frente a esa manifestación será clave en la respuesta que se ofrezca.  Así, los cuerpos de las mujeres han sido históricamente interpretados por los varones, erigidos en dueños del conocimiento científico.  Aun hoy, cuando las mujeres ejercen la medicina tanto o más que los hombres, el dominio sexista persiste en la práctica. En especialidades exclusivas, como la ginecología y la obstetricia, al igual que en la cardiología, que supo de ser de prevalencia masculina y hoy es un riesgo emergente  para las mujeres.

Alicia Lapidus – ginecóloga jefa del servicio de obstetricia del Hospital Fernández – y Silvia Caputo – cardióloga con más de 25 años de consultorio en la Ciudad de Buenos Aires, coinciden en que han sido formadas para tener siempre una respuesta, para no dudar. Sin embargo, ambas saben decir “no sé” cuando así lo consideran.  Y desde ese lugar actúan.

Caputo da cuenta de diferencias, entre sus colegas, en la escucha de los síntomas según se trate de varones o mujeres. Desde ataques de pánico que no lo son a muertes asociadas a diagnósticos tardíos y síntomas de enfermedades leídos como histeria. El diagnóstico que sobreviene es claro: atender a los síntomas de las mujeres con un sesgo sexista puede costarles hasta la vida.

Lapidus es, además, psicoanalista. Dado que la salud mental de las mujeres – históricamente – ha sido colocada en el útero, puede sonar paradójico. Ella lo ironiza: “algo de eso todavía hay; cuando menstruamos nos dicen locas porque estamos en esos días y cuando dejamos de menstruar nos dicen locas porque estamos menopáusicas”. Consultada sobre los modos en que la medicina interviene en los ciclos vitales femeninos es categórica: “la mujer es la dueña del cuerpo y tiene que poder elegir lo que quiere.” En una rama de la profesión dirigida exclusivamente a mujeres, los ámbitos de decisión siguen mayormente ocupados por varones.

A continuación, los textuales de estas dos profesionales, desde el otro lado del consultorio.

De medicamentos y otras yerbas

LAPIDUS: “Además del mandato de nuestra profesión a responder a todo, hay también una demanda social a obtener una solución. En esa tensión, a veces, se medica innecesariamente. Es imprescindible conocer a las pacientes para acompañarlas en la búsqueda del bienestar. Yo tengo una ficha de cada una y la leo antes de hacerlas pasar al consultorio, entonces, aun cuando haya pasado un año desde la última visita, la conversación continúa. Sé si están en pareja, de qué trabajan, con quién viven, además de porqué consultan”.


En cuerpos de antes y de hoy

CAPUTO: “Se han hecho muchos estudios en los últimos años  respecto a mujeres porque tradicionalmente se consideraba que el infarto era de predominancia masculina. Esto era un poco cierto en otra época. Cuando las mujeres no salían a trabajar, no fumaban,  el estrés y el tabaquismo como factores de riesgo  eran menores e incidían en que la enfermedad coronaria fuera mayor en los hombres. Luego, estos factores de riesgo también  fueron incorporados a las mujeres, que además, tienen los otros: la diabetes y la hipertensión arterial, la dislipidemia. En el caso de las mujeres, estos factores comienzan a ser más notorios en un periodo de la vida más añoso; las mujeres se enferman del corazón, en general, cuando son más grandes que  los hombres. El período de mayor riesgo de enfermedad coronaria es la menopausia, por la ausencia de estrógenos, es una cuestión fisiológica. Eso es lo que está pasando ahora”.

LAPIDUS: “Los medicamentos tienen ciclos. Cuando aparecen se presentan como la cura maravillosa para todos los males, luego sobreviene el desencantamiento y finalmente el equilibrio. En el caso de la menopausia, durante cuarenta años se indicaron complementos hormonales a todas las mujeres porque se decía que prevenían los infartos post – menopausia.  En el año 2003, se hizo el “estudio del millón de mujeres” y se demostró no solo que no servían para prevenir enfermedad cardiovascular, sino que – en algunos casos – aumentaba la incidencia de riesgo de cáncer de mama. Aunque este riesgo no hubiera existido, igual no tenía sentido dar a una mujer sana un medicamento que no le iba a aportar ningún beneficio. Hoy, la tendencia en la menopausia es medicar el síntoma solo a las mujeres que les afecta en su calidad de vida y las limita en sus actividades. Hay también compuestos naturales que dan buenos resultados, pero es decisión de cada médico, ofrecerlos o no”.

Entre “histerias”, incertezas y  riesgos públicos y privados

CAPUTO: “Tradicionalmente se ha considerado la sintomatología de la enfermedad coronaria asociada a lo que siente un hombre, un  dolor de pecho típico, opresivo, que se presenta ante esfuerzos. En las mujeres  el dolor es distinto, más inespecífico, más atípico, y aparece tanto con, como sin esfuerzo. Se subestima,  todavía en la actualidad,  la molestia precordial de la mujer, como causada por su estado nervioso, su estado de ansiedad,  – la histeria -. Si bien no podemos decir que hoy se subestime tanto como años anteriores, todavía se escucha a colegas decir esa mina es una histérica y le duele el pecho. Sin embargo, muchas veces,  cuando a esa mina se le hace un estudio, tiene una enfermedad  coronaria gravísima, y en algunos casos hasta tiene que ser operada para evitar el infarto. Lamentablemente,  en otras circunstancias,  al no escucharse ese síntoma de la manera adecuada y colocarlo en un contexto despectivo respecto a su estado de ansiedad, la mujer se infarta  y se muere. Los infartos en las mujeres suelen ser más  graves porque,  en general, son más añosas. En conclusión, tenemos que escuchar a la mujer porque el síntoma es diferente del  hombre y no debemos subestimarlo, porque la enfermedad coronaria es una de las principales causas de muerte en la mujer en la actualidad”.

LAPIDUS: “Respecto a la maternidad, soy defensora del parto natural, pero no del domiciliario. Creo que hay condiciones mínimas que debe tener una maternidad para garantizar cualquier inconveniente que pueda surgir. En el hospital público la incidencia de cesáreas es significativamente menor que en las clínicas privadas. El sistema privado no está adecuado a la espera del tiempo de la mujer, entonces muchas veces se termina en cesárea. Por otra parte la sociedad en su conjunto ha perdido la paciencia y la capacidad de tolerar la incertidumbre y se demandan resultados inmediatos. En el hospital estás de guardia 24 horas y nada cambia si el parto se produce ahora o dentro de seis horas. Cuando una mujer está en trabajo de parto no puede analizar y decidir trasladarse de clínica si no está conforme con la atención que se le está brindando. Lo que sí puede hacer es, previamente, informarse sobre las estadísticas de partos naturales de su médico o de la institución. Por otra parte, en el hospital no hay peridural y eso no es justo. En un parto humanizado debe existir la posibilidad de elegir. Quienes hacen los presupuestos deciden cuántos anestesistas habrá y para qué se usarán. Y ahí hay un tema de género. Andá a decirle a un varón que le vas a sacar una muela sin anestesia, porque no es imprescindible”.



Sin cupos ni ataques de pánicos

CAPUTO: “La consulta de la mujer hoy en el consultorio cardiológico es más frecuente.Antes, ella misma consideraba  que no tenía por qué tener ningún problema cardíaco, que era cosa de hombres. Los  síntomas por los que  consultan son palpitaciones, falta de aire y dolor de pecho. Es llamativo ver que la mujer rápidamente se auto diagnostica ataques de pánico. Los médicos tenemos que estar atentos, porque  no siempre es ataque de pánico;  diría que casi nunca. Hoy las mujeres traen consultas que están relacionadas con las características de su vida: el estrés  laboral, el estrés de la casa,  los hijos, sumado a situaciones complejas de pareja que se están observando en los últimos tiempos. Hay mujeres mayores de 60 años que comienzan a tener problemas de pareja porque asumen situaciones que hasta ahora no se habían animado a asumir. Todas  estas cosas las llevan a tener  síntomas, de los que – a veces -  surgen patologías, no solo coronarias, sino también eléctricas, como son las arritmias, que en ocasiones  requieren medicación.”

LAPIDUS:En general, en los puestos gerenciales hay muchas menos mujeres. En la sociedad de obstétrica y ginecología de la ciudad, más del 70% de los puestos están ocupados por varones. En una sociedad en la que la mayor parte de quienes ejercemos somos mujeres y la totalidad de las pacientes son mujeres. Se trata de la famosa cúpula de cristal, las trabas no son visibles pero operan. Un ejemplo claro son los horarios de reunión, se programan reuniones a la hora de la cena, cuando las mujeres tenemos que cenar con nuestros hijos y no podemos ir. Entonces se concluye en que no queremos participar. En cambio, en la sociedad de ginecología infanto juvenil, más asociada al cuidado “femenino” de la infancia y adolescencia, la mayoría son mujeres. ¿Sabés a qué hora hacen las reuniones? A mediodía y funciona muy bien para todas. Hoy la profesión se está feminizando, se reciben cada vez más cantidad de mujeres, porque el sueldo del médico ya no es el más importante de una casa. Con el tiempo, probablemente, vayan cambiando las cúpulas. Por ahora, para los cargos electivos debería haber discriminación positiva vía ley de cupos para lograr la igualdad de oportunidades”.


FUENTE: COMUNICAR IGUALDAD - POR Por Lourdes Landeira

lunes, 8 de abril de 2013