jueves, 18 de abril de 2013

RIO GALLEGOS. 21 AÑOS PARA UN VIOLADOR


El 14 de febrero de 2011 una mujer de 50 años fue víctima de una violación, su atacante, para subirla a su auto la atropelló, la subió a la fuerza y le dijo mediante insultos que la llevaría al Hospital, pero mintió, la apuntó con un arma blanca y la llevó a un descampado donde abusó de ella, la ató y la dejó completamente desnuda y se dio a la fuga.
Ayer, por este aberrante hecho Lucas Jonquera, quien ya fue condenado el lunes 15 de abril por el delito de “Lesiones graves” contra una mujer, en un hecho ocurrido el 5 de junio de 2011, a la pena de seis años de prisión en cumplimiento en efectivo, fue condenado nuevamente ayer por los jueces provinciales.




Fallo
Fue el juez Joaquín Cabral quien informó que la Cámara falla, primero: en no hacer lugar al planteo de nulidad efectuado por la defensa técnica, segundo: condenar a Lucas Jorquera por encontrarlo autor penalmente responsable del delito de “Abuso sexual agravado con acceso carnal agravado por el uso de arma”, a la pena de 15 años de prisión en cumplimiento efectivo, tercero: mantener el estado de detención del imputado librando oficio de estilo a las autoridades policiales y cuarto: diferir la unificación de condena conforme en lo dispuesto en los artículos 58 del Código Penal hasta tanto la presente quede firme.

Pruebas
Los jueces condenaron a Jorquera a la pena que solicitó el fiscal de juicio Gabriel Giordano, ya que para él las pruebas contra Jorquera fueron el testigo que presenció la requisa del auto y confirmó que fue encontrado en un descampado, otro testigo que vio cuando la Policía secuestró la uña del interior del vehículo. Pero sin dudas la prueba más fuerte del debate fue la declaración de la víctima y la compatibilidad de la uña con ella.

Relato de la víctima
Jorquera comenzó a ser juzgado el 9 de abril de este año, al no declarar, escuchó junto a los jueces el  testimonio de su víctima quien contó que el 14 de febrero de 2011 caminaba por calle José Ingenieros casi Salta, cuando el condenado manejaba un auto de color rojo: “Me chocó y caí al piso”, tras lo sucedido “él salió del auto, me tomó del brazo y por la fuerza me metió al vehículo, mientras me insultaba”, relató.
Además recordó que “al pasar por el Hospital, me quise bajar, forcejeamos y traté de arrojarme del auto, pero él me lastimó con un elemento de metal que sacó de la guantera”, la víctima se quebró y no pudo contener las lágrimas y angustiada siguió contando que “me inclinó la cabeza para que no pueda ver, por lo que no pude observar como llegamos hasta el lugar”, contó.

Tortura
Una vez allí “me obligó a pasar a los asientos traseros, me hizo sacar la campera, la camisa y los pantalones, para luego atacarme sexualmente”. La víctima dijo que opuso resistencia en todo momento “pero me golpeaba y amenazaba”, señaló.
Tras cometer el hecho su agresor, la bajo del auto, “me ató de pies y manos con mis prendas de vestir, me tapó los ojos y me dijo que hasta que no deje de escuchar el auto no me destape”.
Así fue la declaración de la víctima la que luego fue sustentada por varios testigos, entre ellos el de la oficial de servicio de la Seccional Sexta, quien contó como tomaron conocimiento de lo sucedido y lo que le relató la mujer cuando la trasladaba al nosocomio.
   
Asistencia
La oficial declaró y dijo que tomó conocimiento de lo sucedido cuando le informaron desde el Comando que necesitaban presencia policial en la intersección de las calles Peñaloza y Maradona, más precisamente atrás del boliche Ibiza, debido a que se encontraba una mujer semidesnuda y con lesiones sangrantes en su cuello, junto a dos hombres, quienes fueron los que encontraron a la mujer cuando se iban a trabajar.
Siguió manifestando que al momento de ser trasladada al Hospital la víctima le relató que cuando caminaba por la calle José Ingenieros a la altura de la calle Salta, fue embestida por un auto conducido por un hombre, quien le adujo que la trasladaría al Hospital, pero la llevó a otro lugar donde abusó sexualmente de ella y luego la dejó abandonada.

Informes médicos
Tanto el fiscal para solicitar la pena y los jueces para dictar el fallo tomaron en cuenta el informe médico realizado por la doctora Contreras, quien dejó constancias de las numerosas lesiones que presentó la víctima, entre las que se destacan el examen ginecológico, además fue la doctora quien dejó acreditado que la uña del dedo pulgar y meñique de la mano derecha de la víctima estaban quebradas.
En este contexto, explicó que se le quebraron las uñas, porque trató de evitar el hecho y por ello se determinó que fueron lesiones de defensa, por otro lado la herida cortante en el cuello fue producida por un elemento con filo. Para finalizar su informe la profesional concluyó diciendo que “existió ejercicio violento de la sexualidad”.

Pena impuesta

Para aplicar la pena acorde y justa para el caso, los jueces tuvieron en cuenta las pautas mensurativas de los artículos 40 y 41 del Código Penal, tomando en consideración la naturaleza de la acción, los medios utilizados para ejecutarla, el daño y el peligro causado, las condiciones personales, sociales y familiares del imputado, la edad del mismo, su educación y especialmente su conducta frente al delito.
Además consideraron como agravante la conducta temeraria del condenado, porque atropelló a su víctima, fingió socorrerla tratando de aprovechar el descuido de la misma y la obligó a subirla a su auto, le ató las manos y pies con su ropa, todo esto le demostró a los jueces que no tuvo ningún freno en su actuar al ver que era una mujer de 50 años, que estaba yendo al Hospital a atenderse por su delicado estado de salud, todas estas circunstancias tuvieron los letrados para imponer la condena justa.

Condena anterior

El 05 de junio de 2011 una joven fue encontrada tirada en el ingreso del barrio San Benito, con heridas superficiales en su cuerpo. Su atacante, Lucas Jonquera, se dio a la fuga pero fue detenido días después de haber cometido el hecho.
El lunes 15 de abril los jueces reanudaron la audiencia y lo condenaron a seis años de prisión efectiva, manteniendo su lugar de detención, por el delito de “lesiones graves”.   
Tampoco hicieron lugar al pedido de nulidad solicitado por la defensa y lo absolvieron por el delito de “abuso sexual con acceso carnal agravado por el uso de arma”, la calificación de la pena debió ser cambiada dado a que el testimonio de la víctima era fundamental, pero no fue encontrada. Para la Justicia ambos casos estuvieron relacionados.

FUENTE: TIEMPO SUR 

miércoles, 17 de abril de 2013

CHILE: NOMBRAR LAS COSAS POR SU NOMBRE


Hemos dicho hasta el cansancio que la violencia que nos afecta a todas las mujeres sólo por el hecho de serlo, es producto de un sistema social, político, cultural, que lo fomenta y reproduce día a día. Por lo tanto, lógicamente, las medidas que debemos tomar como sociedad y en especial, que debe tomar el estado, deberían apuntar a modificar actitudes, patrones de conducta, valores, normas, y todo el entramado simbólico e institucional que sustenta esta violencia. Sin embargo, nada se plantea en esta dirección.


La utilización que se hace de las mujeres y de sus muertes, cuando son asesinadas, es aberrante; en estos días la prensa informó tres nuevos femicidios, y el gobierno sólo atina a anunciar nuevos cambios en la ley. Las medidas punitivas y las mejoras al proceso judicial pierden su valor si no actuamos antes. Cada femicidio nos recuerda la urgencia de tomar medidas concretas para EVITAR otros y para detener el continuo de violencia que está presente desde que somos niñas, esto es: educación transversal basada en la justicia social y de género, educación sexual de calidad desde la niñez, regulación de la publicidad y de la televisión que sancione los mensajes discriminadores y que fomente los contenidos favorables a las relaciones igualitarias, la sanción decidida a toda forma de explotación sexual, entre muchas otras, ya que el listado de lo que se puede y debe hacer, es largo.

Por supuesto, sabemos que a este gobierno y a los anteriores no les interesa contribuir a estos cambios, pues así como el sistema neoliberal se sustenta en la reproducción social de la pobreza, también lo hace, en la perpetuación de la opresión de las mujeres. En consecuencia, se agotan en programas y medidas asistencialistas que sólo refuerzan el papel de las mujeres como madres y trabajadoras pobres, véanse la cantidad y creatividad increíble de bonos lanzados en estos 20 años que premian la acumulación de “vulnerabilidades”. Programas sociales “integrales” como chile crece contigo, chile solidario, puente, programas de apoyo al empleo de fosis, entre otros, abundan en acciones y expresiones que refuerzan el imaginario de la mujer madre, fuerte y sostenedora de la familia.

Entonces, nombremos las cosas por su nombre: al estado y al gobierno no les interesa erradicar la violencia contra las mujeres.        

 FUENTE: RED CHILENA CONTRA LA VIOLENCIA HACIA LAS MUJERES - CHILE -por Paula Santana Nazarit

GUATEMALA: " SE DEBE ENTENDER EL PERFIL DE LAS VÍCTIMAS"

Su ideal de justicia le llevó a postularse como el primer juez a cargo del Tribunal B de Guatemala, contra el Femicidio. Sabía que la tarea no sería fácil y lleva ya varios casos complicados.


Carlos Antonio Rodas, juez del Tribunal contra el Femicidio, afirma que trata de ponerse en el lugar de la víctima


El más reciente caso que tuvo en sus manos el juez Carlos Rodas Mejía, de 44 años, fue el de un subcomisario de la Policía Nacional Civil, que fue condenado por la violación de una menor.
El juzgador habla de su situación, como hombre, en un tribunal que juzga la violencia contra la mujer.

¿Usted solicitó venir al Tribunal contra el Femicidio?

La materia tiene que ver con lo penal y he estudiado la maestría y el doctorado en ciencias penales, y esto tiene mucha relación y está dentro de lo penal, no se sale de lo que me gusta.
Manifesté mi interés por incorporarme al trabajo relacionado al femicidio. En la primera oportunidad no logré llegar, pero en la segunda ya hubo más oportunidad de acreditar los méritos que uno tiene.
La Corte Suprema de Justicia vio que sí llenaba el perfil de juez especializado en esta rama.

¿Ser hombre dificulta percibir la violencia de género?

Estoy consciente de que llevamos inmerso ese machismo. Como hombres, lo tenemos, porque es parte de la cultura guatemalteca. Como profesional he de decir que todas estas capacitaciones de alguna manera nos cambian la forma de ver las cosas, nos ayudan a entender más la problemática de la mujer en cuanto a la violencia.

¿Qué hubiera hecho antes que hoy no haría en contra de una mujer?

Como hombre, considero que nunca he ejercido violencia contra la mujer, más que con los hijos, en lo disciplinario.
En lo profesional sí admito que he cambiado mi forma de percibir las cosas. Entiendo que había que ponerle un enfoque especial al análisis que comúnmente se hace en un proceso penal: es decir ponerse en los zapatos de una mujer agredida.
Eso es sensibilización. Desde el punto de vista profesional sí es necesario como juzgador tener la capacitación para entender esa problemática.

¿Le resulta complicado ponerse en el lugar de la mujer víctima?

Es parte de este trabajo buscar entender el perfil, la psicología de las agredidas: el ciclo de la violencia. Por eso es necesario, desde lo profesional, formarse. No cualquier juzgador puede entender eso si no ha sido capacitado, por ejemplo, en cuanto al ciclo de la violencia, por qué la mujer se arrepiente, concilia y a veces se retracta. Es parte de ese ciclo, debemos entenderlo así.

¿Debería haber juzgados de violencia contra el hombre?

No hay un equilibrio de incidencia de violencia contra el hombre, es excepcional, puede haber violencia contra el hombre por situaciones de superioridad física de la mujer, económica o psicológica, pero no hay mucha incidencia, no son casos recurrentes. La mayor parte de violencia va contra ellas.

¿Cuál es el mayor reto que tiene como hombre y profesional en este tribunal?

Ser justo, ecuánime y tratar de poner mi granito de arena, a través de mi trabajo y sentencias, para dignificar en la medida de lo posible a la mujer.

¿Algún caso que le haya impactado más?

Uno paradigmático, lastimosamente en sentido negativo, el de la utilización de un animal, de un perro, en un tipo de ultraje. Esa fue una situación que rayó en lo inhumano. Fue una agresión de lo más bajo porque se denigró a la víctima.

¿En la reparación de las víctimas cree que haga falta algo en el sistema?

El Estado puede apoyar más en ese sentido, que haya un ente que se encargue de conseguirles medios de subsistencia, de acuerdo a su capacidad, garantizarles, porque el problema de que muchas mujeres desisten porque se preguntan quién va a ayudarles con sus hijos. Sí es necesario que el Estado incida un poco más. Además hay legislación que dice que es el Estado quien debe responder a esos problemas; regularmente el sindicado no tiene cómo responder.

Trayectoria

Carlos Antonio Rodas Mejía, 44 años, juez del Tribunal contra el Femicidio.
Tiene 44 años de edad,   20 de ellos los ha dedicado trabajar para el Organismo Judicial, en donde ha hecho carrera judicial.
Sus cargos: oficial de juzgado de Paz, secretario de Paz, juez de Paz, después ascendió a juez vocal de tribunal, luego  juez de Instancia Penal y ahora  juez vocal de un tribunal especializado.
Ha estado en las cuatro regiones del país. Como juez de Paz, en Morazán, El Progreso; Rabinal, Baja Verapaz; Jalpatagua, Jutiapa, y Cuilapa, Santa Rosa.
Fue juez en el Tribunal de Coatepeque, Quetzaltenango.
También fue juez de Instancia Penal en Escuintla y ahora en el Tribunal contra el Femicidio en Guatemala.

Fuente: DIARIO DIGITAL FEMENINO - Prensa Libre -Por Sandra Valdez

COMENZÓ A FUNCIONAR EL GABINETE SOCIAL DE POLICÍA EN EL CALAFATE.


El Calafate, (Corresponsal) “Los policías, como todos, son emergentes de nuestra sociedad”, dice el doctor Carlos Giménez, médico calafatense y perteneciente a la Policía Provincial, donde ahora comanda el Gabinete Social y de Reconocimientos Médicos.
El área fue creada el año pasado en los papeles, pero recién comenzó su funcionamiento el 3 de abril. Al médico lo secundan una psicóloga, un policía estudiante de enfermería y una asistente social.



Los profesionales debieron intervenir en el caso del cabo policial que una semana atrás atacó a su ex novia en la vía pública y luego intentó suicidarse subiéndose a un árbol con una soga en el cuello.
Sobre el caso, en el gabinete no se brinda información, por el secreto profesional, pero se sabe que fue uno de los primeros uniformados con los que se encontró en contacto para un abordaje psicológico.
Los sucesos encontraron al Gabinete Social en plena formación. Carlos Giménez explicó que en estos días se trabaja en un relevamiento que comprende a todos los policías locales, incluyendo los jefes de dependencias. 
El trabajo había comenzado antes de los hechos de la semana pasada en forma paralela a una labor de información hacia policías e instituciones locales para avisar de la puesta en funcionamiento del servicio.
 “Estamos trabajando con toda la red local de instituciones, para que estén al tanto de este servicio ante cualquier caso donde haya un policía involucrado, como víctima o victimario”, comentó el médico policial.
Sobre la relación con los uniformados, Giménez le contó a esta corresponsalía de La Opinión Austral que “estamos haciendo el relevamiento de todo el personal, desde el jefe hasta el último efectivo. Es un diagnóstico social para saber qué le está pasando, y conocer problemáticas y necesidades”.
Explicó que también se trabaja en la adaptación de diferentes protocolos nacionales e internacionales a la realidad de la sociedad calafatense. 
Si bien el diagnóstico general aún no está realizado, porque se continúa con el relevamiento, Giménez dijo entender que los policías que prestan funciones en El Calafate tienen estigmas, como en cualquier parte del país y del mundo, mucho más en la ciudad en donde en el término de dos años se incrementó el número de muertes y denuncias que involucran a personal policial.
 “No debemos olvidar que la Policía es emergente de la sociedad que tenemos. No es autojustificación, sino de conciencia para saber qué podemos aportar”, agregó el profesional.
También finalizó diciendo: “el policía está solo, sus problemas no se los cuenta a un subalterno y el superior difícilmente le da importancia”.

fuente: la Opinión Austral

lunes, 15 de abril de 2013

EL CALAFATE: VIOLENCIA PSICOLÓGICA , INSTITUCIONAL, ACOSO LABORAL , MORAL Y DE DDHH.


Los jueces de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo destacaron que el cambio a otra provincia le trajo padecimientos psicológicos. La mujer fue trasladada desde una sucursal bancaria de Buenos Aires hacia El Calafate.




En la actualidad, la globalización y el desarrollo tecnológico imponen a las empresas la necesidad de enfrentarse a necesidades complejas que aparejan riesgos, como el caso de disponer el traslado de personal.
Las compañías saben que tal medida debe aplicarse tomando muchos recaudos.
Y esto es así porque, sea por el marco normativo vigente o por la diversidad de fallos que han sentado precedentes sobre el uso de las facultades de dirección y el cambio de condiciones laborales, lo cierto es que en muchas ocasiones estos traslados terminan siendo muy costosos para las firmas.
Es que en estos casos hay que tener en cuenta que no se puede alterar la esencia del contrato en cuanto al salario, lugar de trabajo, horario o calificación profesional de los empleados, y tampoco se les puede causar un perjuicio moral ni material.
En ese aspecto, expertos consultados por el sitio web iProfesional.com destacaron que aunque un cambio sea minúsculo, el mismo deberá contar con la conformidad del trabajador, si se busca evitar tanto sanciones como la obligación de tener que pagar un resarcimiento derivado de un reclamo judicial.
De esta manera resaltaron la conveniencia de, incluso, otorgar una contraprestación a cambio.
En este escenario, una nueva sentencia vuelve a poner de relieve las consecuencias de estos cambios. 




Traslado y despido indirecto

La empleada fue trasladada de una sucursal del banco ubicada en la Ciudad de Buenos Aires a otra localizada en la provincia Santa Cruz. Al poco tiempo, pidió volver al antiguo lugar. Como no obtuvo respuesta se consideró despedida, alegando que el cambio le produjo distintos padecimientos físicos y psicológicos. Por esta razón, se presentó ante los tribunales para reclamar una indemnización.
Contra la sentencia de primera instancia, que hizo lugar en lo principal a la demanda, se agravió a la ART demandada y a la empleadora. 
La firma cuestionó que el juez considerara que el despido de la empleada era justificado porque fue trasladada de la sucursal de Buenos Aires a la de Calafate del Banco Patagonia sin su consentimiento. 

La patronal

En este contexto, uno de los testigos sostuvo que la dependiente había realizado una presentación donde manifestaba la necesidad de establecerse en el interior del país para encarar un proyecto de vida en esa zona, para lo cual se postularía a una búsqueda interna.
Tras analizar pruebas y hechos, los camaristas señalaron que la firma no acompañó ningún instrumento que demostrara esta presentación de la empleada y remarcaron que de los propios mails presentados por la firma surgiría que la dependiente estaba gestionando su pronto retorno a Buenos Aires.
Por otra parte, estimaron que la empleada logró acreditar -mediante las declaraciones del médico psiquiatra que la atendió- que los padecimientos sufridos obedecieron a una enfermedad profesional, desencadenada principalmente por el alejamiento de su familia y el desarraigo. 


consecuencias para la salud
Entre los distintos inconvenientes sufridos se destacaban los dolores de cabeza y de cuello. Al respecto, un compañero declaró que una vez tuvo que llevarla hasta un centro asistencial de salud, donde le prescribieron distintos medicamentos. 
De todo ello, para los magistrados se desprendía que la empleada no prestó su consentimiento para el cambio de sucursal y que su estadía en El Calafate le generó un importante desarraigo, sumado a ello que la empleadora no reconoció como enfermedad profesional su dolencia.
De esta manera, confirmaron lo decidido en primera instancia, en cuanto a la decisión de colocarse en situación de despido indirecto. 

Reclamo de la ART

La otra demandada -La Caja ART- se agravió porque se la condenó en los términos previstos en la Ley 24.557. Sostuvo que la enfermedad de la empleada no obedeció a un contrato de trabajo y que la misma no se encuentra comprendida en el listado de enfermedades profesionales.
En cuanto a que no es consecuencia del contrato de trabajo, ello se dio en el marco de un traslado dispuesto por la empresa sin el consentimiento de la trabajadora, lo que generó la situación de desarraigo, principal causa de padecimiento”, indicaron los jueces. 
Vale mencionar que el Decreto 1.278/00 establece dos categorías de enfermedades profesionales: a) las de admisión general contenidas en el listado y b) las de reconocimiento excepcional y limitado a cada caso, declaradas por la Comisión Médica Central. 
En tales condiciones, “si la norma mencionada le otorga a la Comisión Médica Central la facultad de incluir ciertas afecciones entre las resarcibles, siempre y cuando exista una vinculación necesaria entre la afección y el factor laboral, con mayor razón la tiene el juez, que cumple por su propia condición con la garantía constitucional de ‘juez natural’ de los casos individuales, reconocida en el Artículo 18 de la Constitución Nacional”, agregaron los magistrados. 
Por lo tanto, en base a dichos argumentos, era factible atribuir responsabilidad a la ART. 
Además, destacaron que el máximo tribunal en la causa “Silva c/ Unilever” estableció que el Artículo 6 de la LRT es incompatible con el orden constitucional, puesto que niega todo tipo de reparación al trabajador víctima de una enfermedad que guarda relación de causalidad adecuada con el trabajo por el sólo hecho de que aquella no resulta calificada de enfermedad profesional en los términos de dicha norma, lo que resulta violatorio y, por ende, contrario a la Carta Magna.

En la respectiva pericia la experta manifestaba que el diagnóstico de la empleada era de abulia, sensación de vacío, desinterés, pérdida de la capacidad para el placer, por momentos agitación, ansiedad, apatía, fatiga, pensamientos recurrentes de muerte, y luego manifestó que sufre de una depresión en grado II, que la incapacitaba en un 10% (que luego se elevó a un 20% por pedido de la empleada, teniendo en cuenta la ausencia total de tratamiento y tomando en cuenta el riesgo que conlleva el diagnóstico suicida que sufría). 
De esta manera, los jueces de la sala VI de la Cámara de Apelaciones del Trabajo, Luis Raffaghelli y Graciela Craig, condenaron al Banco Patagonia al pago de la suma de $ 240.879,18 y a abonar la suma de $ 36.000 de parte de La Caja ART.

Consecuencias
“Para evitar sanciones, ante cualquier modificación de la relación laboral y cualquiera fueran los ítems que se alteraran, por ejemplo, lugar, tareas u horarios, la empresa deberá contar con elementos suficientes para su justificación”, completó Juan Manuel Minghini.
“Las compañías deberán plasmar por escrito, con expresa indicación de los motivos que implican los cambios en la relación de trabajo y, además, saber de antemano que producido un conflicto o reclamo judicial, podrán probar concreta y fehacientemente la causa invocada”, finalizó el especialista.
“El lugar y el horario de trabajo son elementos estructurales del contrato de trabajo. Por ende, cualquier modificación debe ser precedida de una actitud prudente por parte del empleador”, sostuvo Luis Angel Discenza, socio de Adrogué, Marqués, Zabala & Asociados.
“No pasa tanto por intentar tener parámetros fijos como distancia, horarios, sino por evaluar si existe o no un daño puntual para el trabajador disconforme con el cambio”, afirmó Juan Carlos Cerutti, socio del estudio Cerutti - Darago & Asociados.
Es por ello que el experto destacó la importancia de una compensación: “Las variaciones deben estar acompañadas de beneficios que hagan más ventajoso el nuevo horario o lugar de trabajo para el empleado, tal como la implementación de remises o combis que ayuden a ahorrar tiempo de viaje, menos horas laborables, si hay cambio de turno, o un plus salarial, en caso de que dichas medidas no puedan efectivizarse”, sostuvo.
Hay que buscar la forma para que los cambios implementados impacten mínimamente en la menor cantidad de empleados y, de esta manera, la empresa podrá defenderse lo mejor posible ante un reclamo judicial”, concluyó.

FUENTE: LA OPINIÓN AUSTRAL 

ESPAÑA : BURDELES SIN SALIDA





  • Muy pocas víctimas de la explotación sexual logran escapar de la mafia y retomar la vida común
  • Ni las operaciones policiales ni los procesos judiciales les ayudan a romper las cadenas





Una mañana, Marcela se despertó en otra cama. Sábanas limpias. Se desperezó y pensó en las últimas horas. Había llamado al teléfono de emergencias en mitad de la noche. No podía escapar del club porque estaba en medio de la carretera, en ninguna parte. Los trabajadores de la ONG fueron a buscarla en coche. Las únicas posesiones que se llevó en la huida eran lo que tenía puesto. Cuando salió del prostíbulo todavía le escocían los golpes del proxeneta. “Se acabó la violencia”, pensó, y cerró la puerta.

Pasó seis meses en ese primer piso de acogida. “Empecé a sentirme acompañada. Antes vivía rodeada de 50 mujeres y estaba muy sola. Tiraba de alcohol y drogas para salir adelante”. Todo había comenzado un año antes, en 2005, cuando Marcela, hoy con 34 años, llegó de Brasil animada por una vecina que le propuso un trabajo en España con el que ahorrar para terminar sus estudios de derecho. “Me dijeron que iba a cuidar niños. El viaje fue de São Paulo a Francia y Vigo, y después en furgoneta hasta Portugal. Al llegar me quitaron el pasaporte y me dijeron que les debía 5.000 euros. Me prostituyeron en clubes de Portugal y luego de Sevilla, todos del mismo dueño. Me llevaron a Madrid y hubo una redada en mi prostíbulo. Nos tenían aleccionadas para que dijéramos que estábamos allí voluntariamente y nos amenazaban con atacar a nuestras familias. Así que no conté nada y en cuanto salí del calabozo volví al mismo sitio a hacer lo mismo. No veía alternativa”. Durante ese tránsito, Marcela tuvo su primer contacto con APRAMP, una asociación de ayuda a víctimas de explotación sexual. “Al principio no me fiaba, pero me ofrecieron asistencia sanitaria y empezamos a hablar”, cuenta en conversación telefónica.

Hasta que el día en el que arranca este relato recibió una paliza. “Me dije: ‘Hasta aquí’, y llamé”. Iniciaba un camino que desde la distancia se ve tan empinado como el de la propia explotación: la dura convivencia con mujeres nerviosas, heridas; digerir recuerdos y humillaciones; buscar trabajo con un decreto de expulsión pendiendo sobre la cabeza desde su paso por el calabozo. El proceso psicológico duró tres años. “Cuando vi que podía hablar de ello sin llorar, me di cuenta de que lo había asimilado”. Su primer trabajo fue cuidando ancianos, y ahora, después de cinco años de formación como mediadora social, cada noche recorre con la unidad móvil de APRAMP los polígonos industriales, clubes y pisos invisibles por los que penan las víctimas de trata. Les explica cómo se da el portazo.
De las miles de mujeres con las que he trabajado, habrá logrado salir apenas una docena”, comenta un policía


La sofisticación de la industria sexual ha creado un mercado mundial de 11 millones de explotadas, según la ONU. Un estudio de Eurostat sobre trata publicado el viernes asegura que entre 2008 y 2010 las víctimas aumentaron el 18%. Las noticias sobre operaciones policiales contra la trata en España, uno de los principales receptores de mujeres llegadas con engaños y abusos de todos los rincones pobres del planeta, se detienen en la foto fija de los proxenetas esposados. The end. Pero ese efecto cinematográfico no se da en la vida de las mujeres. La mayoría, como ocurrió con Marcela tras su redada, vuelven al día siguiente al club, desorientadas en un mundo del que desconocen las reglas: ¿dónde se busca trabajo?, ¿qué me va a hacer la policía si me encuentra sin papeles?, ¿quién va a ayudar a una puta? Otras se lanzan a la libertad saltando barreras administrativas y miedos. Miedo como el que ha paralizado a importantes testigos de la operación que hace unas semanas desarticuló en Andalucía una red que explotaba a 400 mujeres. La investigación concluyó con 52 imputaciones y el cierre de seis clubes. Los 10.000 folios del sumario del caso desvelan un universo violento y retorcido. Un negocio de carne con sucursal en Brasil.

Y al final de la cadena, mujeres, algunas sin papeles, que debían dormir en el club, en las mismas habitaciones en las que tenían relaciones sexuales y rodeadas de gorilas y mamis. Los jefes las amenazaban con domesticarlas “a palos” y les obligaban a acostarse con ellos, y cuando lo hacían con un cliente, el dinero del primer encuentro iba íntegro al club. Trabajaban 12 horas diarias y debían abonar 50 euros por descansar cuando menstruaban y entre 150 y 200 por abandonar el recinto. Pese a todos estos horrores, las testigos protegidas han comenzado a vacilar en su primera declaración, algo frecuente con los proxenetas. Esas mujeres han sentido el tirón de las cadenas invisibles que describen las protagonistas de este reportaje.




Las prostitutas a las que Marcela logra convencer para que escapen de las mafias acaban pasando por las oficinas de su ONG. La asociación tiene en el centro de Madrid un taller en el que aprenden costura ejecutando arreglos para boutiques del barrio. Un martes de marzo, una asistente social acompaña a las alumnas, la mayoría testigos en protección, mientras diseñan delantales. Una de ellas tiene 14 años; otra, 16, como muestra de que las redes están tratando con víctimas muy jóvenes (“es lo que está de moda”, cuenta Marcela; “en mi época éramos las brasileñas, pero ahora el mercado de carne pide esto”). Mientras las máquinas de coser traquetean, se puede visitar la sala de cursos, vacía. Está forrada de murales con dibujos de apariencia infantil. En uno se ven dos monigotes: uno femenino y el segundo masculino con un cuchillo y un bocadillo que dice “mátala”. Otro mural identifica los alimentos con vitaminas y minerales. Ana Delgado, la trabajadora social, explica que tratan con mujeres de perfiles heterogéneos: “Algunas llegan muy formadas, pero hay otras que tienen que aprender todo desde cero. Han vivido aisladas, y al romper se encuentran con un país, un idioma y una vida que desconocen”.

Los cursos que imparte la asociación (castellano, cuidados geriátricos, costura…) son una toma de contacto con la formación profesional, pero también una terapia. “En los talleres aprenden a no frustrarse y adquieren disciplina y horarios, que a veces les cuesta mucho. Como conocemos su situación, sabemos que hay que ser flexibles”, cuenta Delgado, detallando lo elástico que es el concepto de flexibilidad: “Algunas que llegan con la unidad móvil tienen cargas y facturas, y al principio siguen en la calle, con lo que eso implica”. Unas 40 asociaciones trabajan con víctimas de trata en todo el país. Sus prestaciones son confidenciales y gratuitas, e intentan ofrecer un servicio integral que comprende alojamiento, tratamiento psicológico, de inserción sociolaboral y asesoría jurídica. El proceso dura hasta año y medio.

La ley establece un periodo de reflexión para que la víctima denuncie. Solo 98 de 763 lo hicieron en 2011

Las mujeres llegan por vías diferentes: las mediadoras, los servicios sociales, policía, hospitales y, en casos excepcionales, por clientes de prostíbulos que detectan que son explotadas.

El proceso mediante el que la policía identifica a una víctima es el más fácil de explicar por su carácter rutinario. Tras una intervención, por ejemplo en un club de carretera, los agentes de la Unidad Central contra las Redes de Inmigración y Falsedades Documentales (UCRIF) pasan entrevistas individuales de tres o cuatro minutos a las prostitutas. Un apartado del cuestionario en el que reseñan los indicios de trata que han apreciado revela la dureza de los casos. Además del miedo o la mentira compulsiva, uno de los indicios más visibles es la “dificultad para caminar o sentarse, lesiones, desgarros, magulladuras en los órganos sexuales, irritación del área anogenital”, o en menores, “conductas y conocimientos sexuales impropios para su edad, como conductas sexualmente obsesivas o seductoras”. Aun con indicios, la identificación es muy difícil si la mujer niega los hechos. En 2011, 14.730 fueron consideradas posibles víctimas de trata, pero solo se llegaron a identificar 1.082, según el Ministerio de Interior.

Incluso las identificadas suelen negarse a presentar una denuncia. Lo hagan o no, la ley ofrece a toda víctima un periodo de reflexión (un mes renovable por un segundo) para decidir si colabora con la policía. Como la inmensa mayoría son extranjeras, denunciando acceden a los beneficios que acuerda el artículo 59 bis de la Ley de Extranjería a quienes colaboran con la justicia: permiso de residencia y trabajo. Aun así, de 763 periodos de reflexión ofrecidos en 2011, solo los aceptaron 98 mujeres.

Dado que la denuncia abre un mayor abanico de posibilidades de inserción, las ONG suelen recomendarla, pero no siempre. “A veces no es lo más adecuado. Nosotras asesoramos sobre las ventajas e inconvenientes, y algunas mujeres consideran que no es lo adecuado para ellas”, explica una trabajadora de la asociación catalana SICAR. Colaborar con la policía no solo puede suponer un calvario de interrogatorios y recaídas anímicas. También entraña peligros, especialmente para los familiares que quedan en el país natal de las víctimas a merced de los tentáculos locales de las mafias.

Frustración y reveses

Los esfuerzos para generar confianza en las mujeres y animarlas a denunciar sufren un revés cada vez que se conocen hazañas como las de José Manuel Pulleiro Núñez, el violento jefe del club La Colina y uno de los implicados del caso Carioca. Hace unos días volvió a prisión después de que la juez Pilar de Lara dictaminase que había utilizado sus cuatro meses de libertad condicional para ir visitando a las mujeres que declararon contra la trama mafiosa que en Lugo hermanaba a guardias civiles, policías y proxenetas. Pulleiro no ha sido el primero en acosar a testigos del caso. Desde el primer día, las extrabajadoras del burdel han recibido amenazas. Muchas han regresado a sus países de origen, y otras, a la vida de club.

Luis se ha topado con más de una historia como esta. Luis es el seudónimo tras el que se oculta un miembro de la UCRIF en Madrid. En su trabajo ha aprendido lo intensa que puede ser la palabra frustración. Ha visto disminuidas psíquicas esclavizadas por familiares; ha descubierto que, para dominarlas mejor, los proxenetas prefieren a mujeres vulnerables, las más pobres, las que tienen un hijo enfermo; ha comprendido que las chinas o las nigerianas amenazadas mediante vudú se niegan a denunciar por terribles que sean los abusos; ha visto compañeros que perdían testigos a las que las mafias chantajeaban enviándoles vídeos de violaciones de amigas; ha participado en redadas en locales con 200 mujeres de las que no ha salido ningún testigo. Luis habla, y sus palabras suenan llenas de desencanto. “Y eso que ahora estoy más positivo, pero hay épocas en las que es muy duro”, cuenta frente a un menú de bar. “Algunos juzgados pasan de estas operaciones porque requieren muchísimas escuchas y permisos y los colapsan. También hay casos que se basan en el testimonio de una chica que después de tres años se echa atrás cuando se rompe el secreto procesal y teme represalias”.

No se ha implantado aún la norma europea que declara innecesario que haya denuncia para asistir a la mujer
Luis coincide con el resto de entrevistados en que la ley de protección de testigos hace aguas, pero cree que sigue siendo otra vulnerabilidad la gran razón de que demasiadas mujeres se queden paradas frente a la puerta de la jaula abierta. Algunas han vivido tanto tiempo aisladas entre las paredes del club que temen hasta alejarse unos pasos de él. “El amor también las hace vulnerables. A muchas sus proxenetas las trajeron con engaños románticos o las mantienen atadas con lo que ellas creen que es cariño, y que a veces es lo más parecido que han conocido”, cuenta. La operación policial andaluza le da la razón. Las escuchas capturan conversaciones de proxenetas con mujeres con las que mantienen relaciones sentimentales. En una, el hombre amenaza a una novia con que lo que le hace falta es que les den “caña”, unos golpes para que se quede “más suave que un guante”, necesita que le metan “una polla en la boca y le den unos pocos de bofetones”. Después de colgar, el hombre recibe un SMS cariñoso de otra prostituta con la que también se acuesta.




Prostitutas exhibiéndose para los clientes en un club. / GILLES MINGASSON (GETTY IMAGES)
Pese a una tristeza que le arquea los hombros al hablar del tema, Luis intenta ser positivo: “De los miles de mujeres con las que he trabajado, habrá logrado salir una docena”. El cálculo es demoledor, pero para quien ha palpado el espanto de la trata, colaborar en el rescate de 12 personas es un logro. Él ya no espera mucho más. A veces los controles y las operaciones sirven para que las condiciones en los clubes mejoren o para que algunas mujeres dejen las redes y ejerzan la prostitución autónomamente, y eso le parece un pequeño avance. “Es un mundo de abusos. Las ves con 40 y están hechas polvo después de años pagando la deuda que les imponen. Adicciones, intentos de suicidio, enfermedades… Por mi experiencia, pueden intentar salir las que llevan poco tiempo con la red, son jóvenes y tienen esperanzas. Las otras es casi imposible”.

Los que han convivido más tiempo con la trata han asumido lo excepcional que es ver a una víctima escapar. Lo atestigua Sònia Martínez, alcaldesa por CiU de La Jonquera, una de las localidades de España en las que la prostitución está más presente como consecuencia de los macroprostíbulos en la frontera con Francia que proveen de diversión a clientes de los dos lados de la línea, a los que no les preocupan las historias de horror recogidas en los sumarios judiciales: golpes, extorsión, esponjas en la vagina para seguir rentando durante la menstruación… Martínez se ha enfrentado decenas de veces a la negativa de las mujeres a alejarse de sus proxenetas. “Nunca aceptan. Les proponemos otro trabajo, pero en esta comarca lo que hay para ellas es limpiando o en restaurantes muchas horas y poco remuneradas, y nos dicen que con esos sueldos no pueden. A veces no les llegan para cubrir sus necesidades si tienen hijos o se han metido en gastos”.

Nos aleccionaban para que dijéramos que estábamos de forma voluntaria o atacaban
a nuestras familias”

Precariedad en el camino 

Isela sí consiguió marcharse. Tras este nombre falso se encuentra una rumana de 26 años que se presta a una entrevista en una casa de la ONG Proyecto Esperanza, en una zona de chalés madrileña. Isela está en la segunda fase del proyecto, cuando las víctimas salen del estado de emergencia y comienzan a construirse una vida autónoma en apartamentos con menor supervisión de las educadoras. Desde hace cuatro meses busca un trabajo “de lo que sea”, aunque preferiría en la hostelería. En Rumanía estudió filología románica. Su sueño es ser educadora, abogada o periodista.

Llegó al proyecto hace siete meses de mano de la policía. No sabía una palabra de español. Al principio en la casa se comunicaba con mujeres de África, China o América Latina “un poco en inglés, en italiano o con las manos”. Fueron días “fatales” para esta chica hiperactiva. “No conocía a nadie, tenía la cabeza muy mal, muy preocupada por mi familia, estaba histérica. Mi carácter es muy fuerte y la convivencia con algunas mujeres me parecía difícil: los olores, las actitudes… Pasaba muchas horas en la casa porque no me atrevía a salir, pero no entendía las reglas del piso”, cuenta. Su experiencia ilustra las dificultades de reunir a mujeres de edades, procedencias y niveles socioculturales distintos, muchas en estado de choque. Pero Isela se fue abriendo. “Después de estos meses, soy yo misma. Y en la casa he hecho amigas muy importantes para mí”. En España, de momento, ellas son su único apoyo social. “Necesito tiempo para abrirme. No hago amistades rápido”, cuenta. En sus ratos libres pasea por Madrid y lee libros de Verne y Federico Moccia. “Me gustan las historias de amor, aunque yo con los hombres soy…”, y hace un gesto indicando lo dura que se considera.

A pesar de su preparación universitaria, Isela necesitará paciencia para encontrar un trabajo que las estadísticas indican que no estará bien pagado. Según estudios de Proyecto Esperanza entre las mujeres con las que colabora, el 62% de las que encuentran empleo no llegan al salario mínimo interprofesional. “Muchas están abocadas al servicio doméstico”, cuenta Iris Rodríguez, coordinadora de intervención de la ONG y de nuevo mujer, como todas las trabajadoras que asisten a las víctimas de trata encontradas para este reportaje. “Las trabas burocráticas y la crisis alargan el proceso para independizarse. Antes, en ciertas provincias, a los 20 días ya trabajaban compaginándolo con la formación. Ahora la estancia en pisos de acogida se alarga por encima del año”.

La creciente precariedad no es solo consecuencia de la coyuntura económica. Los recortes sociales por la crisis y las trabas administrativas a los inmigrantes ralentizan la integración de las mujeres y actúan como disuasorio para alejarlas de las mafias. Sin papeles se cierra el acceso a derechos como la sanidad o a las formaciones ocupacionales a las que intentan derivarlas las ONG de acogida. Ni los cursos del Inem ni los módulos que se imparten en los institutos las aceptan. La oferta se reduce a un puñado de cursillos en sectores poco lucrativos, como limpieza o cuidados geriátricos.


Una víctima de explotación sexual en un taller de costura. / CRISTÓBAL MANUEL

La urgencia por encontrar empleo es grande. A muchas mujeres siguen necesitándolas sus familias en el extranjero y les piden dinero, en ocasiones sin saber en qué estado viven en España porque ellas no quieren contar lo que les ha ocurrido, ya sea por miedo al estigma del sexo o, entre las que llegaron a Europa para prostituirse, pero no sabían que iba a ser en régimen de esclavitud, por no preocupar.

“Incluso en el caso de mujeres bien preparadas, es complicado que vuelvan a ocupar un puesto al nivel de su formación. Por un tiempo asumimos que trabajen en situación muy precaria, en la economía sumergida, porque les quita la ansiedad y les da confianza”, explica Beatriz Lorente, de SICAR, donde gestionan proyectos que incluyen prácticas de cajera o camarera. Las que tienen papeles y suerte llegan muchas veces a la economía formal, pero no siempre las empresas les ofrecen condiciones óptimas para arrancar una vida autónoma. Se ven entonces en un estado de semidependencia de los recursos públicos o sus parejas.

Ekaterina, de 31 años y rusa, explica sin abandonar una elegante sonrisa en qué se materializa esa precariedad. Lleva tres meses de dependienta en una tienda de Barcelona con un contrato indefinido “especial”, que no deja de ser “una gran oportunidad”, acota entusiasta. “Son 590 euros al mes por 30 horas semanales. Solo libro el domingo, y me pueden llamar a cualquier hora”. Ekaterina trabajaba de responsable de una tienda en su país y quiere volver a hacer lo mismo en España. Con unos modales suaves que no despistan de su carácter firme, asegura que está contenta pese a que las condiciones “limitan mucho”. Como no puede independizarse, vive en un piso de SICAR con su hijo. Cuando le preguntan qué quiere en la vida, yergue la espalda y habla convencida: “Un piso para mí. Y una hija más”.

Ha pasado dos años con la ONG, adonde llegó de la mano de la policía en condiciones “muy duras”, sin un solo objeto personal, nerviosa y hostil, y acompañada de dos amigas de las cuales una regresó a Rusia con ayudas públicas. “Después de todo lo que me había pasado no confiaba en nadie. No había razón para que me ayudaran”. Ahora solo le falta el permiso de residencia de su hijo, pero el proceso legal no fue sencillo a pesar del artículo 59 bis. “Lo pasé muy mal porque no me daban papeles y él estaba solo en Rusia. Tardaron nueve meses. Yo ya trabajaba cuidando a una persona mayor. Llamaba al niño por teléfono llorando y él pensaba que no quería traérmelo. La verdad es que hace falta ser fuerte”.

Cuando te pasa una cosa tan fuerte como la que me ha ocurrido a mí, valoras cada instante
en el que estás libre”
“En tres años hemos avanzado mucho, pero faltan aún cosas importantes”, cuenta Marta González, coordinadora de Proyecto Esperanza. Da fe de ello Marcela, que hace siete años fue tratada como una simple irregular. Un paso trascendente en la situación de las víctimas se dio en 2008, cuando todos los grupos políticos españoles coincidieron en lanzar el Plan Nacional contra la Trata, que, entre otras cosas, concedía estatuto de protección a las víctimas que denunciasen. Este plan concluía en 2012, y ahora que la Comisión de Igualdad del Congreso de Diputados está evaluándolo, parece que el consenso es igualmente amplio en que hay que ir más lejos, trasponiendo la directiva europea que asocia la protección no a la colaboración policial, sino a la identificación de la mujer como víctima de una violación de derechos humanos. El 6 de abril debería haberse implantado la directiva de la Unión Europa, según la cual la denuncia dejaría de ser necesaria para asistir a las mujeres. “Para adaptarse habrá muchos cambios en la legislación española”, asegura Marta González Vázquez, portavoz del grupo popular en la Comisión. “No se ha llegado al plazo del 6 de abril porque esto va a implicar a varios ministerios y reformas del estatuto de las víctimas, el Código Penal, el enjuiciamiento criminal… Pero estamos en ello”.

Las diferencias entre partidos se encuentran en la dotación económica para asegurar que la ley no quede en papel mojado, como asegura la oposición que pretende el PP. Ampliar la cantidad de víctimas reconocidas equivaldrá a más ayudas sociales y elementos políticamente controvertidos como los permisos de empleo. González explica que “es difícil calibrar cuánto se gasta ahora en los programas de apoyo a las víctimas” porque estos costes están transferidos en gran medida a las comunidades autónomas. Las únicas ayudas estatales son los dos millones de euros anuales que destina Asuntos Sociales a las ONG especializadas.

Hacia una vida autónoma

La calidad de las ayudas marca hasta qué punto las mujeres que escapan de la explotación pueden reconquistar una vida equilibrada. Iskra Orrillo, psicóloga de Proyecto Esperanza, considera que hace falta tiempo y dinero para recuperar mujeres, en muchos casos traicionadas por familiares, que han sufrido abusos bestiales, encierros y vejaciones: “El impacto para algunas ha sido tan fuerte que siempre les queda esa vulnerabilidad, pero son casos excepcionales. Con una buena atención, casi todas pueden retomar una vida normal”. En SICAR, 14 de las 101 mujeres que han asistido este año están en tratamiento psicológico y 2 han requerido del ingreso en un psiquiátrico.

En el otro extremo, Darya, de 33 años, ilustra una progresión perfecta. Trabaja de encargada en una tienda mientras estudia turismo e idiomas. “Quiero tener mi negocio y ganar dinero para viajar y ver sitios”, dice tímidamente. Tras entrar en SICAR, empezó de limpiadora sin contrato, pasó a dependienta y sigue subiendo en la carnívora escala laboral. Lleva dos años saliendo con un chico y desde hace unas semanas viven juntos. “En su piso, con hipoteca”, aclara. “Irme de la asociación ha sido como independizarme de los padres”, bromea. Se ha adaptado a la vida de una gran ciudad. Corre de un curso a otro y del trabajo al gimnasio. Habla de su vida con una mezcla de sencillez y trascendencia, como si fuera consciente de que tocando ciertas cuerdas las fuerzas oscuras siempre podrán despertar un demonio. “Cuando te pasa una cosa tan fuerte como la que me ha ocurrido a mí, valoras cada instante que eres libre. Los fines de semana no quiero dormir hasta tarde: quiero hacer cosas”. Darya, que obtuvo sus papeles en nueve meses, ha seguido varias formaciones. “Hasta hice un curso en catalán de agente comercial, ¡y fue tan difícil! Ahora sé que puedo con lo que sea”.

Las mujeres de la última red desarticulada en Andalucía trabajaban 12 horas diarias y dormían en los clubes
La mujer habla un castellano tan correcto que cuesta creer que proceda de la antigua URSS y que los primeros días, hace solo dos años, tuviera que comunicarse con las educadoras mediante dibujos. De rasgos aniñados, cuando se ilusiona desgranando sus proyectos juega con la trenza que le cae en el hombro izquierdo. En los momentos en que revive algún pasaje amargo mira al suelo y se le traban las palabras. Por ejemplo, al referirse a su llegada al centro de emergencias, cuando todo parecía negro: “Esos días yo solo rezaba mucho”, dice invitando a cambiar de tema. Habla de la amistad y apoyo que encontró en Ekaterina, a la que no conocía. Cuenta que ahora está leyendo libros de historia y escribiendo sobre las diferencias entre España y la ex-URSS.

Darya, Ekaterina, Marcela e Isela rompieron las cadenas invisibles. Lo consiguen unas pocas mujeres entre miles gracias a una mezcla de suerte, valentía y apoyo. Estadísticamente son un grupo ínfimo. Hombres y mujeres como Luis lo saben y aspiran a que eso cambie. Mientras, el policía se consuela con cada paso. “Recuerdo a una chica. Cómo estaba de destrozada cuando la encontramos y cómo la vi al cabo de un tiempo. Solo por eso, merece la pena”.

FUENTE: EL PAÍS -  Con información de Javier Martín-Arroyo.

FEMICIDIO EN CALETA OLIVIA: ESPARCIERON LAS CENIZAS DE LA TRABAJADORA SOCIAL AL MAR.

Familiares, amigos y demás allegados de la trabajadora social Celia Vicari arrojaron el sábado sus cenizas al mar en la costa de Caleta Olivia, dando cumplimiento a la voluntad que ella misma había profesado. Con lágrimas en los ojos, sus hermanos Enrique y María Alicia, junto a sobrinos y alrededor de un centenar de allegados, participaron de la ceremonia.



Familiares y amigos de Celia Vicari arrojaron el sábado por la mañana las cenizas al mar, donde sus restos descansarán eternamente.


En la zona de costanera, más precisamente en las inmediaciones del ex muelle ypefiano, también fueron arrojadas flores, tras lo que se escuchó el fuerte aplauso de todos los presentes que se encontraban visiblemente conmocionados.
Su hermana expresó entre sollozos que “esto es una muestra de lo que Celia sembró en esta comunidad. Queremos agradecer inmensamente a la comunidad de Caleta Olivia por las expresiones de afecto y contención que tuvieron para con nosotros en todo momento”.
Por su parte, en la sede Comodoro Rivadavia de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, donde Celia se desempeñaba como profesora, se realizará hoy a las 17 un acto de reconocimiento.
La organización del homenaje está a cargo de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, junto al Departamento de la Licenciatura de Trabajo Social y el Centro de Estudiantes de la Facultad de Humanidades.
Los mismos la recuerdan como “una ejemplar compañera de trabajo, una trabajadora social comprometida con el ejercicio profesional en favor del bienestar de las personas y, por sobre todas las cosas, una persona noble y cabal con sus convicciones personales”. 
En el mismo marco se recordaron los términos del comunicado del Consejo Profesional de Graduados en Trabajo Social de la Provincia de Santa Cruz, que repudió el asesinato de Vicari, presuntamente en manos de un hombre que recibía apoyo de su parte, pese a que estaba jubilada y no se encontraba ejerciendo formalmente su profesión.
Por ello, pidieron que el asesinato ("FEMICIDIO") “no quede impune y que sirva para plantear una profunda reflexión acerca de lo expuesto que estamos cuando solemos hacer intervenciones domiciliarias en contextos de desprotección y ante problemáticas sociales tan graves y complejas”. 

EL HECHO
Celia Raquel Vicari fue asesinada el domingo 7 de abril por el esquizofrénico Rubén Franklin, quien por estos momentos continúa detenido, al que habitualmente asistía llevando productos de higiene y comida a la habitación en la que vivía.
El domingo pasado Celia había llegado a ese lugar, ubicado en un sector posterior del Concejo Deliberante, para dejar los productos, pero esta vez Franklin le habría pedido que le cocine a lo que ella se negó.
Eso fue lo que desató la furia del sexagenario, quien comenzó a golpearla salvajemente hasta que tomó un cuchillo y le asestó varias puñaladas, una de ellas en el cuello, que pusieron fin a su vida.

FUENTE: EL PATAGÓNICO NET