viernes, 5 de abril de 2013

FUNDAMENTAL: SALIDA LABORAL FRENTE A DIVERSAS FORMAS DE VIOLENCIA


Acaba de recibirse la primera camada de mujeres electricistas domiciliarias formadas en el ámbito de AMMAR –Asociación de Mujeres Argentinas por los Derechos Humanos-, una organización que nuclea a mujeres que están o estuvieron en situación de prostitución y a víctimas de violencia de género. Se trata del primer curso sobre un oficio no convencional y está siendo acompañado –tanto en la formación como en la salida laboral- por el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación. La propuesta, surgida de la organización, pretende instalar la necesidad de generar políticas públicas de salida laboral para el sector que permitan avizorar un futuro económico por fuera de las redes de trata y prostitución y de la dependencia económica de los cónyuges. En breve será lanzada una formación similar en Tucumán y, en el transcurso del 2013, probablemente se repita en CABA y quizá haya una edición en Corrientes. 

 “Yo salí de la calle hace muchos años gracias a esta organización –dice Eugenia, entre los 40 y los 50, nacida en República Dominicana y madre de tres hijos-. Actualmente trabajo cuidando a un señor mayor que vive solo y  voy a empezar a trabajar acá como electricista. Es el primer curso en oficios que hago, tengo muchos en derechos humanos y soy promotora de derechos dentro de la organización, pero nunca me había capacitado en oficios.”



Julia nació en Gualeguaychú, Entre Ríos, no tiene más de 30 y su situación de vulnerabilidad tiene que ver con la violencia de género, aunque –como explican en la organización- violencia de género y estado de prostitución van muy juntos, ambos provienen de la baja autoestima de la mujer en un contexto desigualdad social entre mujeres y varones que a veces hace que la situación de prostitución aparezca como la única salida laboral posible frente a la violencia de género y la dependencia económica que en muchísimos casos esta desigualdad genera. “Yo quería hacer un curso de electricidad porque hace unos años, cuando mi hijo era un bebé, se me prendió fuego una casa en la que vivía por un cortocircuito. Siempre había hecho trabajos de albañilería sin saber mucho, pero ahora quiero trabajar de esto, porque además se necesita un billete grande para estar en la ciudad”.

El curso fue propuesto al Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación por AMMAR –Asociación de Mujeres Argentinas por los Derechos Humanos-, una organización que trabaja desde hace años con mujeres en situación de prostitución y víctimas de violencia de género desde una perspectiva abolicionista, es decir considerando a la prostitución como una situación extrema de violencia de género, donde las mujeres son víctimas de explotación sexual, y promoviendo la salida de esta situación. Convencidas de que la prostitución no es una situación elegida, sino que se recurre a ella como fuente laboral en situaciones extremas, desde hace años reclaman al Estado políticas públicas que permitan a las mujeres salir de  estas situaciones, empoderarse económica y emocionalmente, y emprender rumbos de vida autónomos. La propuesta realizada al Ministerio va en esta línea y recibió el apoyo del Programa de Formación para el trabajo Decente de la Secretaria de Empleo de esa institución y también de la Fundación UOCRA, que aportó el trabajo de uno de los docentes del curso. En AMMAR habían probado con cursos tradicionales del saber femenino –peluquería, costura, cocina- que no funcionaron, en parte porque una vez concluidos no disponían de los recursos para transformar esos saberes en productos que interesen al mercado. En este sentido, la tarea del Ministerio en el curso de electricidad no termina con el dictado de clases sino que harán durante dos meses un acompañamiento de las alumnas en la salida laboral.


No fue fácil encuadrar el curso dentro de las posibilidades de formación del Ministerio de Trabajo y ésta es una queja de la organización. Muchas de sus integrantes reciben la Asignación Universal por Hijo/a (AUH), y ésta es incompatible con los beneficios económicos de los programas de empleo del Ministerio. Superado ese obstáculo, otro que se presentó fue que desde la institución estatal comprendieran que una formación destinada a mujeres –especialmente de sectores vulnerables- debía incluir personal que se hiciera cargo de hijas e hijos mientras ellas estudiaban. Esto finalmente se logró, pero no otro pedido de la organización en la línea de que las estudiantes recibieran un subsidio económico mientras realizaban la formación, ya que durante cuatro horas, todos los días durante 2 meses, debieron abandonar sus trabajos para acudir a clases.




Graciela Collantes

“Sabemos que lo único que puede prevenir la violencia es la formación y la salida laboral concreta, que las mujeres podamos parar la olla. Porque sino cierran los prostíbulos y a dónde van a parar las mujeres” dice Graciela Collantes -responsable del proyecto de formación dentro de AMMAR y ella misma recién recibida de periodista por la Universidad de las Madres-. Después del Decreto 936 de Prohibición de los Avisos de Prostitución –firmado por la presidenta Cristina Fernández en julio del 2011- desde la organización vieron crecer muchísimo la demanda de salida laboral de las mujeres que hasta entonces estaban en situación de prostitución y que a partir de la nueva norma tenían menos posibilidades de publicitar sus servicios.

El curso que acaba de concluir en la Ciudad de Buenos Aires será realizado en breve en Tucumán y es probable que además de repetirse en CABA durante el transcurso del año también haya una edición en Corrientes, siempre a cargo de AMMAR y en colaboración con el Ministerio de Trabajo.

Empoderamiento y prejuicios

Además de la posible salida laboral, el curso tiene otro aspecto fundamental para enfrentar la violencia de género y las posibles situaciones de prostitución, que es la autoestima y expectativas que generó en las mujeres.


“Para mí este curso no va separado de la cuestión de la autoestima, de mi persona. Cuando me dieron el certificado me tildé, me emocioné mucho. Lo veía como algo imposible –cuenta Julia y vuelve a emocionarse recordando el evento del viernes 22 de marzo en el que les entregaron los diplomas-. Yo tengo un hijo de 8 años y se me vino todo encima… cuestan tanto las cosas, dejar a los chicos… No pensé que lo iba a llegar a hacer. Me vi muchas veces en que me preguntaba de qué iba a trabajar y es hermoso que logremos hacerlo y entre mujeres. La independencia económica y tener un conocimiento más, saber que se rompe algo y lo podés arreglar. Lo que quiero hacer, si me dan los tiempos, es estudiar para hacer iluminación para el cine en la ENERC (Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica) o en el SICA (Sindicato de la Industria Cinematográfica Argentina).”
En la cena de fin de año, a dos meses de iniciado el curso, Eugenia tuvo su prueba de fuego, “había que hacer un alargue hasta el patio y me animé a hacerlo sola. Ahora tengo muchísimas expectativas, primero vamos a refaccionar la oficina de la organización y luego a hacer trabajos que ya nos pidieron”. Al igual que otras compañeras, Eugenia debió enfrentarse a los prejuicios propios y ajenos sobre un oficio considerado socialmente masculino. “Mi hija más grande me decía al principio que éste no era un trabajo para mujeres. Pero cuando una tiene conocimientos del tema, ya el miedo se pierde. Es cuestión de aprender y ampliar la cabeza. Y me gustaría decirle a que cualquier chica que quiera hacer una capacitación en electricidad u otra cosa, que no se desanime, que todas podemos”.

Yanina, también de República Dominicana y madre de cuatro chicos, fue muy reacia a tomar el curso. “Dije de entrada que no por mi temor a la electricidad. Luego volví a casa y arreglé un enchufe que hace un montón que no me arreglaban. Le dije al encargado del lugar donde vivo que me cortara la luz y cuando la plancha encendió tenía una emoción… Fue algo hermoso”.

Si bien la formación las prepara para que cada una de las 13 egresadas pueda ejercer como electricistas domiciliarias por su cuenta, las mujeres decidieron que lo harán juntas. No necesariamente en una cooperativa formal pero sí compartiendo las tareas que incluyen también el cuidado de los niños. “Descubrimos que no quieren hacerlo solas porque imaginan que se les presentarán dificultades que una sola no podrá enfrentar y que en cambio entre todas pueden hacer varias cosas: una cuida a los niños, la otra atiende al público, la otra va a hacer el trabajo” resume Collantes.

Para contratar los servicios de las electricistas domiciliarias de AMMAR: electricistasammar@gmail.com 

FUENTE Y FOTOGRAFÍA:  CONECTAR IGUALDAD - POR SANDRA CHAHER

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