viernes, 26 de abril de 2013

OPONERSE A LA ABLACIÓN IMPLICA TENER ENEMIGOS Y BUSCAR ESTRATEGIAS PARA QUE SE NOS ENTIENDA


El trabajo más duro fue romper el tabú sobre la ablación. Desde que empezamos logramos la implicación de la comunidad y las instituciones. Hoy hay que reflexionar sobre nuestros logros y fallos, qué refuerzos y estrategias necesitamos”

 Fatou Secka es gambiana, reside en Catalunya y lleva desde los años ochenta luchando por los derechos de las mujeres africanas. Presidenta de l‘Equip de Sensibilització sobre Mutilació Genital Femenina (Equis-MGF), imparte talleres de formación y sensibilización a mujeres y hombres para prevenir y erradicar ésta y otras manifestaciones de la violencia de género. Su actitud humana, cercana y empática es una de las herramientas con las que ha logrado generar un cambio de conciencia en muchas personas, aunando el respeto con una firme defensa de los derechos humanos y de las mujeres. 

Dices que las mujeres africanas deben liderar la lucha contra la mutilación genital femenina en África y en Europa. ¿Cómo se inició tu compromiso con esta lucha? 

Llevo desde 1985 luchando por los derechos de las mujeres africanas y nuestra visibilidad, no sólo contra la MGF: antes me manifesté contra el matrimonio precoz y forzoso y contra la poligamia, que respeto pero no acepto para mí. Nuestra asociación, Equis, nació después de una capacitación en sensibilización, formación e información para la prevención del VIH/sida que cinco africanas hicimos en 1997 en el marco del programa de formación Salele (salele quiere decir salud en lengua bubi de Guinea Ecuatorial) de Red 2000, un grupo de trabajo contra el VIH/sida. Estuve en Bruselas en la asamblea general del proyecto y me invitaron a una exposición de GAMS (Grupo por la Abolición de las Mutilaciones Sexuales y otras prácticas tradicionales perjudiciales para la salud de las mujeres y niñas) Bélgica sobre la MGF. 

“El trabajo más duro fue romper el tabú sobre la ablación. Desde que empezamos logramos la implicación de la comunidad y las instituciones. Hoy hay que reflexionar sobre nuestros logros y fallos, qué refuerzos y estrategias necesitamos” En África, ya conocía el tema por hablarlo entre mujeres y niñas; pero al informarme en su exposición y ver que la población de algunos países y regiones donde se practicaba (Gambia, Senegal, Guinea Konakry, Mali, Nigeria, Níger) tenía una implantación importante en Catalunya, pedí una formación específica sobre el tema a la presidenta del Comité Interafricano sobre las Prácticas Tradicionales Perjudiciales para la Salud de Mujeres y Niñas [cuya sección francesa ostenta desde 1984 GAMS Francia, fundada dos años antes]. Un mes y medio después vinieron dos profesionales para ayudarnos a formar a grupos de mujeres en Catalunya, hicimos una formación unas cuantas. 

Mostraron un vídeo muy duro sobre los efectos de la MGF en la salud de las mujeres. Algunas decían: “Yo no sabía que esto era así, después de lo visto no quiero mutilar a mi hija”. Esto fue en Masnou, pero el interés de las mujeres era hacerlo en Premià, para las que no habían podido, así que la semana siguiente fuimos, y hubo una gran asistencia porque se había corrido la voz. Éramos unas 30 y decidimos montar una asociación todas juntas para erradicar la MGF, aunque estábamos asustadas y nos preguntábamos: “¿Cómo nos vamos a atrever a hacerlo?” 

¿Cómo fue el empezar a promover la reflexión con otras mujeres? 

El trabajo más duro fue romper el tabú, los inicios, en el 98-99, atreverse a llamar al tema por su nombre. Quedábamos, tomábamos mucho café, muchas galletas, pero no nos atrevíamos a hablar, buscábamos cómo orientarlo: hablar de sexualidad, afloraban críticas a los hombres… La luz se encendió con una pregunta sobre la relación entre la MGF y el contagio del VIH/sida: eso nos abrió la puerta para hablar. Por ejemplo, en relación a la higiene, ya que el cuchillo con el que se practica puede usarse para diez o doce niñas y ésta es una de las vías de contagio. Después la gente empezó a hablar de cómo se sentía. Desde que empezamos logramos la implicación de la comunidad y las instituciones. Hoy en día el tabú ya se rompió, pero es el momento de reflexionar sobre los logros, los fallos, qué refuerzos necesitamos, buscar estrategias de actuación. 

Una compañera de Equis explicaba que implicaros en esta lucha os supuso una cierta exclusión dentro de la comunidad africana en Catalunya, incluso ruptura de relaciones. 

Fue una guerra abierta, muy fuerte: algunas mujeres dejaron de asistir a las conferencias de MGF; muchas estaban de acuerdo con lo que hacíamos, pero otras nos dieron la espalda, yo creo que quizá porque no tenían las herramientas para estarlo. Todas somos mujeres, puedo tener su mismo miedo, ésta es una lucha que debemos hacer todas juntas, y cuando quieran unirse las esperamos. 

“Implicarme en esta lucha limitó mi relación con la comunidad. Fui señalada como mujer wolof que trabaja en lo público y no es sumisa ante los hombres, pero el formar parte de la casta griot fue mi escudo para la crítica” Algunos hombres dicen que mejor que no vaya a sus casas porque “les como el coco” a las mujeres: no soy bien vista. Te sonríen, pero tienen miedo de apoyarte, porque te has salido del cupo, te dicen que te has occidentalizado porque cuestionas y no aguantas un matrimonio injusto… Incluso, durante intervenciones con las familias, me han llegado a decir que he perdido valores culturales como africana y a juzgarme por tener sólo cinco hijos. Ello limitó mi relación comunitaria, que culturalmente suele ser muy estrecha: por ejemplo, para excusaba mi asistencia para evitar conflictos por que una mujer que me abre su puerta pudiera tener problemas porque la visitara. 

Fui señalada por ser una mujer wolof que trabaja en lo público, sale en medios de comunicación y cuando está frente a un hombre le dice “no tengo que ser sumisa”, más que enfrentándose, diciendo “estoy aquí, pienso esto y lo digo”. El trayecto fue difícil pero también tuve un escudo para la crítica: entre las y los wolof soy de la casta griot [narradores y transmisores de la tradición oral], que dentro de la comunidad tiene la voz para enseñar lo que sucede. Pese a llevar 40 años aquí, eso no se enseña ni se aprende, se hace. Fueron años muy duros, me emociono cuando los recuerdo, pero me reafirmó en mi convicción respecto a mi proyecto de vida como mujer. Forma parte del proceso y tuve buenas maestras. 

En la lucha contra la MGF has vivido también el machismo y etnocentrismo de la población autóctona, por ejemplo, al dar por descontado que tú habías sufrido la ablación porque trabajas en este tema. 

“Una estrategia contra la violencia machista entre las africanas es marcar a la familia política de tu marido con quién tienes una relación íntima; dominar tu dormitorio y dejar muy claro que en un matrimonio el deber de ambos individuos es procurarse bienestar” 

Sí. Incluso una mujer me dijo que por qué hablo de la lucha contra la MGF cuando no la he vivido. Es una cuestión de derechos humanos, salud física y psíquica y derechos reproductivos de las mujeres, como mujer no puedo tolerarlo. Y como activista debo saber respetar, negociar sin herir, atraer al otro a tu campo. Es un reciclaje constante, un aprender de aquellas personas a quien tú vas a enseñar para acercarte, porque cada uno tiene sus habilidades y experiencia: todas y todos enseñamos y aprendemos. 

Trabajas en el proyecto Tirar endavant de la Fundación CEPAIM, que se centra en la prevención de la violencia de género, y aborda la MGF como una de sus manifestaciones. ¿Qué estrategias desarrollan las mujeres africanas para luchar contra la violencia machista? 

En nuestros talleres sale todo, el matrimonio precoz y forzado, la poligamia, la MGF…. En una comunidad en la que la mayor visibilidad de una mujer pasa por estar casada, y en la que se permite a tu marido tener otra esposa, hay que tener mano izquierda, como dicen aquí, no librar una guerra abierta, porque no es sólo él quien quiere otra esposa, normalmente su madre también y las nueras pasan a ser como hijas en la familia política. La estrategia está en marcar que con quien tienes una relación íntima es con el hombre; dominar tu dormitorio y dejar muy claro que en un matrimonio el deber de ambos individuos es procurarse bienestar. Por tanto, si estoy casada contigo respeto a tus padres, pero mi bienestar y el de mis hijos es importante y si considero que no me cuidas como es debido la sharia me permite pedir la anulación del matrimonio. También establece que para que el hombre contraiga matrimonio con otra esposa la primera tiene que estar de acuerdo. 

La ofensiva integrista en el Sahel ha supuesto un aumento de mutilaciones de niñas en la zona, además de amenazas a imanes contrarios a la MGF. ¿Cómo afrontar esta involución? 

Bueno, las amenazas siempre han estado, a mi exmarido le llamaban por teléfono diciéndole “a ver si controlas en qué se mete tu mujer”. ¿Que me matarán? La vida es vivir o morir, no es que no tenga miedo de morir pero no voy a centrar mi vida en ese peligro. Estamos hablando de prácticas ancestrales, y no podemos esperar no tener enemigos al oponernos a ellas. Hay que armarse de valor y buscar estrategias de diálogo para que la gente entienda por qué estamos en contra de la MGF.

FUENTE: OBSERVATORIO DE LA VIOLENCIA DE GÉNERO - MADRID

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